2 Timoteo 2:1-7 La Gracia Y La Aflicción


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Sermon Notes

LA GRACIA Y LA AFLICCIÓN
2 Timoteo 2:1 – 7

INTRODUCCIÓN
Seguimos avanzando en la Palabra de Dios, estudiando todo el consejo de Dios, el cual tiene poder para sobreedificarnos y darnos herencia con los que el Señor ha llamado, la cual, creemos tiene todo lo necesario para llevarnos a la madurez y transformarnos a la imagen de Cristo, cuando la creemos, la recibimos, la obedecemos poniéndola por obra; y por la gracia de Dios hemos llegado desde Mateo hasta 2 Timoteo.

Como lo hemos dicho antes, en el estudio de la Biblia, para una interpretación y una aplicación profunda y poderosa, el contexto lo es todo.

¿A quién le está escribiendo Pablo?
Pablo sigue escribiendo a su amado hijo en la fe, Timoteo, uno que honra a Dios, quien creemos que siendo un Joven de aproximadamente 20 años es impactado por la fe de Pablo cuando este es apedreado y arrastrado fuera de la ciudad natal de Timoteo, Listra.

Pablo es dado por muerto, pero el Señor lo levanta milagrosamente, se mete otra vez a la ciudad y conforta a los creyentes; puedes leer esto en Hechos 18; desde ese momento la vida de este muchacho no volvió a ser la misma, dio fruto al 30, 60 y al 100 por uno.

El Evangelio, y la fe de Pablo en acción impactaron a Timoteo a tal punto que fue transformado, siguiendo los pasos de su maestro, y Timoteo no solo se convirtió en discípulo de Pablo, sino en su hijo amado, su amigo y su colaborador por el resto de su vida.

¿Cuál es el contexto histórico de esta carta?

1 Timoteo fue escrita poco después de haber sido liberado de su primer encarcelamiento romano entre el 62 y 64 d.C., entre 2 y cuatro años después Pablo vuelve a ser encarcelado por su fe, pero esta vez ya no sale, sino que, es sentenciado a muerte, de manera que, esta carta fue escrita por los años 66 y 67 d.C.

En este tiempo de la historia es cuando Nerón un hombre totalmente depravado, era el Cesar de Roma, en ese tiempo se consideraba al Cesar un dios, y cualquier devoción a otro Dios era considerado traición al trono, además de que Nerón incendia Roma y culpa a los cristianos de haberlo hecho, de manera que, se desata una terrible persecución en contra de los cristianos.

Bajo esta persecución es que Pablo es arrestado; para este momento ya había tenido su primera audiencia, en la cual no le había ido nada bien porque bajo estos cargos su sentencia de ejecución ya era inminente y Pablo sabía que iba a morir.

Estamos leyendo la última carta escrita por Pablo antes de morir, y podríamos denominarla: el testamento de Pablo hacia su hijo amado en la fe; 2 Timoteo son las últimas palabras de alguien que sabe que va a ser ejecutado y no va a estar más en este mundo.

¿Qué harías tú si supieras que estás viviendo los últimos días de tu vida y tuvieras una última oportunidad de pasar tu legado, de hablar con tus hijos, con la familia, con tus discípulos? Yo creo que hablarías de lo más relevante posible, cosas de verdadero valor que quisieras que quedaran grabadas en el corazón de los que amas.

Timoteo por su parte, seguía como pastor de la iglesia en Éfeso, pero, no le estaba yendo bien; además de la persecución, la iglesia no había mejorado desde la última carta, estaba todavía peor, consumida por el materialismo, demasiado distraída por la idolatría, la inmoralidad, por falsa doctrina, desenfocada, corazones duros ante la Palabra.

Y en esta carta Pablo está animando, exhortando e instruyendo a un Timoteo desanimado, acobardado, desanimado, a seguir la carrera hasta acabarla, a pelear la batalla hasta ganarla y a guardar fielmente la fe hasta que el Señor le llame.

Esta carta es también del grupo de las denominadas cartas pastorales, pero a diferencia de Tito y 1 Timoteo, esta carta es tan importante y especial porque Pablo ya no está dando instrucciones de cómo conducirse en la iglesia, sino exhortación, consejos, mandatos, principios que le permitirán a Timoteo permanecer firme hasta el final a pesar de cualquier situación.

Por lo tanto, creo que el verso clave de esta carta está en el capítulo 4, casi despidiéndose le va a decir a Timoteo:

2 Ti 4:7 He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe. 8 Por lo demás, me está guardada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, juez justo, en aquel día; y no sólo a mí, sino también a todos los que aman su venida.

Para este momento de su vida, habiendo servido a Dios en todas las circunstancias imaginables, Pablo pudo experimentar todo lo que un siervo de Dios pudo haber vivido ido a lo largo de una vida de servicio al Señor y a su iglesia, y sabía que era posible pelear una buena batalla, acabar la carrera y guardar la fe.

Y para nosotros es muy importante saber en qué cosas es necesario evitar, retner, y prestar mayor atención a pesar de lo que sea, porque no es fácil, Pablo mismo escribió después de levantarse de su apedreo en Listra y regresar a la ciudad:

Hch 14:22 confirmando los ánimos de los discípulos, exhortándoles a que permaneciesen en la fe, y diciéndoles: Es necesario que a través de muchas tribulaciones entremos en el reino de Dios.

Pedro también escribió:

1 Pe 4:18-19 Además, «Si el justo a duras penas se salva, ¿qué será de los pecadores que viven sin Dios?».19 De modo que, si sufren de la manera que agrada a Dios, sigan haciendo lo correcto y confíenle su vida a Dios, quien los creó, pues él nunca les fallará.

Y lo difícil no está en que Dios no pueda, su gracia es suficiente, la puerta a la salvación, al perdón, a la reconciliación está abierta, su fidelidad es inquebrantable, el problema es que no todos están dispuestos a abandonar sus tinieblas, las aman demasiado, no todos deciden perseverar en la gracia, porque aquel que persevera en la gracia, sin duda triunfa.

Y aunque somos la iglesia de Cristo, la columna y el baluarte de la verdad, aunque el Espíritu Santo está en nosotros, aunque tenemos la bendita Palabra de Dios, seguimos siendo pecadores, y vivimos rodeados de pecadores, en un mundo impío que constantemente quiere seducirnos, nuestro enemigo Satanás, sin descanso quiere destruirnos y hacernos blasfemar la imagen de Dios bendito.

Y aunque todos hemos experimentado la salvación, el gozo de la presencia del Señor, de la comunión con su iglesia, la batalla es real, no solo contra nuestra naturaleza pecaminosa, sino contra un mundo que aborrece la fe y la verdad, donde brillamos como luminares, donde para brillar, necesitamos permanecer y perseverar, y no es fácil.

Y Pablo ya había vivido todo esto y estaba a punto de graduarse y podía decirle a Timoteo como un testigo fiel: Timoteo, hay victoria, hay manera de mantenerse fiel hasta el final.

Pero, guerra es guerra, y requerimos ser buenos soldados, que saben defenderse y atacar, y requerimos ser disciplinados, para acabar bien la carrera, necesitamos ser buenos agricultores que trabajan con fidelidad y esperanza a pesar de la oposición.

Entonces, estos son consejos que nos enseñarán cómo terminar la carrera, como salir vencedores como Pablo, y más aún, si hemos entendido y recibido el llamado celestial a servir a nuestro Señor.

Ya vimos el primer capítulo, Pablo le recordó a Timoteo quién le envió, su tu fe es genuina, los recursos ilimitados con los que ha sido equipado para ser transformados a su imagen y llevar a cabo su voluntad.

Le recordó la responsabilidad de avivar el fuego del don de Dios que ya estaba en él, cómo Dios no nos ha dado un espíritu de cobardía, el Espíritu Santo nos da el poder, el amor y el dominio propio necesario para salir victoriosos.

Cuidarse del peligro de ser infieles, o de avergonzarnos de nuestra fe debido a la aflicción y aparentes derrotas. Tenemos un llamado celestial inigualable, pertenecemos al Rey del cielo, se nos ha dado vida, hay un hogar y una herencia que estamos por recibir.

Cristo ha resucitado, y nosotros con él, así que, tenemos un deber, el servicio a nuestro Dios y eso nos debe mantener enfocados. Hemos visto cómo cada instrucción de Pablo comienza con un verbo, la semana pasada vimos retén y guarda, y dos ejemplos uno negativo, y otro positivo.

Vimos la importancia de retener la Palabra justo como la hemos recibido. Que ésta deje la impresión de su golpe en tu corazón, que tu corazón, tu mente, tus convicciones sean vaciadas en el molde de la Palabra y tomen su forma. Vimos cómo Dios sostiene su Palabra, pero, al mismo tiempo y cada generación es responsable de retener su forma.

Qué importante es guarda la verdad, y no dejarnos engañar, o distraer, sino seguir el buen ejemplo de los que perseveran, no de los que tropiezan en Cristo.

El día de hoy Pablo va a enseñar una porción más en esta carta acerca de cómo terminar la carrera, cómo pelear la buena batalla, cómo guardar la fe. Hay aflicciones, es cansado, lo acabamos de aprender, por lo mismo, no todos perseveran.

¿Cómo saber que estamos peleando la batalla correcta, corriendo en la carrera correcta y trabajando en el campo correcto? Porque de cualquier manera en este mundo todos batallamos, todos estamos en una carrera y todos nos desgastamos, trabajamos por algo.

El día de hoy Pablo nos enseñará cómo fortalecernos para la aflicción, cómo mirarnos a nosotros mismos en medio de la aflicción, y por qué es importante escoger el lugar correcto de la aflicción, por eso yo titulé este mensaje: LA GRACIA Y LA AFLICCIÓN.

I. Necesitas ser capacitado por Dios, porque resultados espirituales solo se obtienen con recursos espirituales.
2 Ti 2:1a Tú, pues, hijo mío,
Tú pues, por tanto, así que, de manera que, todos estos son términos de conclusión que están conectando dos ideas. Siempre que veamos esto en la Biblia, debe llevarnos a recordar el contexto, lo cual nos ayuda a entender lo que el escritor quiso decir.

Y le dice como comenzó la carta: Tú pues, mi verdadero hijo en la fe, ya que entiendes que hay qué avivar el don de Dios, que el Espíritu que se te ha concedido no es de cobardía, sino de poder, amor, dominio propio, que no te debes avergonzar, sino al contrario, retener la forma de las sanas palabras, guarda la verdad que se te ha dado en depósito, por todo lo que el evangelio implica.

¿Cómo debes hacerlo? ¿De dónde hijo mío sacas fuerza, inteligencia, o capacidad para hacer una obra que implica sacrificio, servicio, aflicción, que es de por sí espiritual? Dice Pablo:

2 Ti 2:1b esfuérzate en la gracia que es en Cristo Jesús.
Checa las palabras, Pablo no está diciendo: échale ganas, tú puedes, si te lo propones nada que se interponga en tu camino te detendrá, no es así, si en verdad queremos resultados espirituales, entonces necesitamos recursos espirituales.

Cuando intentamos obtener resultados espirituales con este tipo de esfuerzos, a esto le llamamos esfuerzos carnales, los cuales sencillamente van a resultar en derrota, en frustración, ¿por qué? La Biblia nos enseña:

Rom 8:5-7 Los que están dominados por la naturaleza pecaminosa piensan en cosas pecaminosas, pero los que son controlados por el Espíritu Santo piensan en las cosas que agradan al Espíritu. 6 Por lo tanto, permitir que la naturaleza pecaminosa les controle la mente lleva a la muerte. Pero permitir que el Espíritu les controle la mente lleva a la vida y a la paz. 7 Pues la naturaleza pecaminosa es enemiga de Dios siempre. Nunca obedeció las leyes de Dios y jamás lo hará. (NTV)

Por eso es que siempre que tú pretendas por mera fuerza de voluntad portarte bien, llevar a cabo la voluntad de Dios, hacer decisiones de salir de algún mal hábito, pecado, o adicción, te va a ser imposible, si primeramente no comienzas con buscar recursos espirituales, y batallas con armas espirituales. Decía Pablo:

2 Co 10:3-5 Somos humanos, pero no luchamos como lo hacen los humanos. 4 Usamos las armas poderosas de Dios, no las del mundo, para derribar las fortalezas del razonamiento humano y para destruir argumentos falsos. 5 Destruimos todo obstáculo de arrogancia que impide que la gente conozca a Dios. Capturamos los pensamientos rebeldes y enseñamos a las personas a obedecer a Cristo.

¿Cuándo es que dejamos de confiar en las armas espirituales? Cuando descuidamos nuestra relación con el Señor la oración, la Palabra, cuando descuidamos la comunión con la iglesia, inmediatamente nos volvemos jactanciosos, orgullosos, nos centramos en nosotros mismos, nos amargamos.

Y Satanás y nuestra carne están listos para engañarnos, haciéndonos pensar que somos capaces, y que orar y estar en la Palabra es una pérdida de tiempo, sutilmente nos deslizamos al área de la auto suficiencia, y cuando menos acordamos, ya estamos pretendiendo pelear batallas espirituales en nuestra carne, y la derrota se avecina, o ya está ahí.

Un buen ejemplo es Martha y María, Jesús llega a su casa, y dice la historia:

Luc 10:39-42 Esta tenía una hermana que se llamaba María, la cual, sentándose a los pies de Jesús, oía su palabra. 40 Pero Marta se preocupaba con muchos quehaceres, y acercándose, dijo: Señor, ¿no te da cuidado que mi hermana me deje servir sola? Dile, pues, que me ayude. 41 Respondiendo Jesús, le dijo: Marta, Marta, afanada y turbada estás con muchas cosas. 42 Pero sólo una cosa es necesaria; y María ha escogido la buena parte, la cual no le será quitada.

Chuy, ¿entonces no hay que hacer nada sino pasárnosla en oración y en la Biblia? Claro que no, pero, necesitamos entender que la vida cristiana no comienza en las obras, en el afán o en la ansiedad, sino en Cristo, a los pies de Cristo, por eso somos cristianos, andamos tras los propósitos suyos, no los nuestros, se supone que nosotros estamos llamados a morir y a que él viva.

Además, no quieres andar un camino tras tu perverso corazón, créeme, te vas a arrepentir, no quieres comenzar un proyecto, hacer decisiones, gastar recursos, esfuerzo, sacrificio, donde no está Cristo dirigiendo, o peor aún, donde no está él para nada, porque entonces, todo va a ser un desperdicio y una derrota. Dice el salmo 127:

Sal 127:1-2 Si el SEÑOR no edifica la casa, en vano se esfuerzan los albañiles. Si el SEÑOR no cuida la ciudad, en vano hacen guardia los vigilantes. 2 En vano madrugan ustedes, y se acuestan muy tarde, para comer un pan de fatigas, porque Dios concede el sueño a sus amados.

Por eso nuestra mayor responsabilidad como creyentes es esforzarnos en la gracia, Jaris, la influencia divina sobre el corazón del hombre, y su reflejo en la vida, el don inmerecido de Dios, su favor, su aceptación, su aprobación, el sí de Dios a nosotros, su bendición, ahí está nuestra fortaleza.

Endunamóo, de dunamis, poder milagroso, eficacia, maravilla, capacidad, potencia, vestirnos de la gracia de Dios. ¿De dónde viene nuestra capacidad, nuestra fortaleza? De Cristo, de su gracia, él nos vuelve capaces, él nos da la victoria, en él tenemos la victoria, si nos movemos un milímetro de ahí, entonces no podremos nada, separados de él nada podemos hacer, nada es nada.

Esto es como una contradicción, una paradoja: esfuérzate por permanecer en el único lugar donde puedes ser fortalecido porque tú no tienes en ti mismo fortaleza. Esta es la responsabilidad más importante que tenemos como cristianos, si la descuidamos terminaremos cansados, desanimados, frustrados, derrotados, enojados contra nuestros hermanos, y peor aún contra Dios.

Es una línea delgada que necesitamos saber identificar, cuándo ya estamos en nuestra carne, y dejamos de andar en el Espíritu para tratar de sostenernos en nuestra nula capacidad, tratando de vivir una vida cristiana, tratando de obedecer, o de llevar a cabo la voluntad de Dios, lo cual es ineficaz, y terminando en derrota y en desastre.

Marta y María son un buen ejemplo, Marta estaba frustrada y cansada, sin ningún fruto, María estaba extasiada a los pies del maestro, pero, observa los pasos de ambas, María siempre estuvo un paso adelante que todo mundo, porque conocía a su Señor.

También Cristo dijo: mi yugo es fácil, ligera mi carga, y en el momento en el que no vemos nuestra vida cristiana ni fácil, ni ligera, es porque estamos dejando de obtener nuestra fortaleza del único lugar de donde es eficaz: La gracia dada en Cristo Jesús.

Es interesante que en ese texto Jesucristo viene hablando de los auto suficientes, los capaces, los sabios y entendidos de Corazín y Betzaida, él dice:

Mat 11:25-26 En aquel tiempo, respondiendo Jesús, dijo: Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque escondiste estas cosas de los sabios y de los entendidos, y las revelaste a los niños. 26 Sí, Padre, porque así te agradó.

Los niños, son los dependientes, los que reconocen su necesidad, los que no andan jactanciosos en su propia prudencia, la cual los lleva a caminos torcidos, dudosos, sin un fin feliz.

Esforzarnos en la gracia es recordar que en Cristo todas sus promesas son sí y son amén, es conocer, creer y vivir por esas promesas, es estar siempre en la posición en la que puedo estar seguro que nada me puede arrebatar de la mano de Dios.

Cuando comienzo a sentirme separado de Dios, de su cuerpo, desanimado, cansado y trabajado, estoy convirtiéndome en Marto, en un orgulloso auto suficiente, y voy camino al tropiezo. Por eso, asegúrate de que Cristo es tu plenitud, trabaja en eso, conócelo, enamórate de él, convéncete de su amor y fidelidad.

Porque vienen aflicciones, vienen pruebas como todo mundo en esta tierra, como todo ser humano las tiene, no existe quien tenga una vida sin problemas, el punto es, cómo enfrentarlas, y también distinguir qué las está provocando, mi desobediencia, mis malas decisiones, o andar en la verdad y caminar en un mundo que no es mi hogar, ni es el cielo. Dice la Palabra:

Jua 16:33 Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo.

1 Co 10:13 Ustedes no han sufrido ninguna tentación que no sea común al género humano. Pero Dios es fiel, y no permitirá que ustedes sean tentados más allá de lo que puedan aguantar. Más bien, cuando llegue la tentación, él les dará también una salida a fin de que puedan resistir.

Esa puerta está en la gracia, la paz en Cristo la encontramos bajo esta gracia, Pablo dijo en Efesios:

Efe 6:10-11 Por lo demás, hermanos míos, fortaleceos en el Señor, y en el poder de su fuerza. 11 Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo.

En su primera carta ya le había dicho a Timoteo:

1 Ti 1:12-14 Doy gracias al que me fortaleció, a Cristo Jesús nuestro Señor, porque me tuvo por fiel, poniéndome en el ministerio, 13 habiendo yo sido antes blasfemo, perseguidor e injuriador; mas fui recibido a misericordia porque lo hice por ignorancia, en incredulidad. 14 Pero la gracia de nuestro Señor fue más abundante con la fe y el amor que es en Cristo Jesús.

Pablo no era fiel, no era creyente, no honraba a Dios, pero, la gracia del Señor fue más abundante que todos sus pecados y debilidades, y Dios lo capacitó para ser lo que fue.

Por eso, mis hermanos, es tan básica e importante la gracia para nosotros, si aún no lo entiendes, por favor ora, porque si tu vida está caracterizada por la derrota, por la infidelidad, por la inconstancia, entonces no has conocido la gracia, no has entendido todavía la salvación.

Lo difícil de fortalecerse en la gracia está en que necesita humildad, la gracia no es para los soberbios, sino para los que deciden humillarse bajo la poderosa mano de Dios, reconociendo su necesidad total de Dios.

Por eso la gracia comienza con humildad, con rendirse, el soberbio resiste la gracia, el humilde muere, se rinde, deja de luchar contra Dios y su verdad y se rinde ante él para que él viva, y no sí mismo, en Cristo estamos llamados a morir, y morir implica esta decisión de dejar de ser, y dejar que Cristo sea.

Recuerda, resultados espirituales solo se obtienen con recursos espirituales. Y tengo mucho por hacer.

Y ya vestido, fortalecido, capacitado por esta gracia que nos es dada mientras oramos, mientras nos humillamos delante de Dios, y permanecemos en la Palabra y nos disponemos a creerla, seguirla, obedecerla, rindiéndonos, dice Pablo es nuestra responsabilidad:

II. Necesito gracia para transmitir una fe genuina de una generación a otra, enseñando a otros.
2 Ti 2:2a Lo que has oído de mí ante muchos testigos,
En primer lugar, Cristo está contando con que estés poniendo atención, y teniendo cuidado de entender su Palabra, si la Palabra no te es suficiente nada lo será, puedes practicar una religión, con actividades, juntando dinero para edificios, para un mejor equipo, ministerios de futbol, de música, etc.

Todo lo cual no está mal si tiene el enfoque correcto, pero, puedes estar haciendo todo eso, y aun así tu corazón estar lejos del Señor. Estar en una iglesia con todo eso y practicarlo no te garantiza que estés haciendo la voluntad de Dios.

¿Qué quiere Dios? Que pongas atención, que le entiendas, que le conozcas y que muestres tu obediencia en respuesta a su amor, que muestres una fe activa que acciona.

Hay gente cerca de ti que lo está haciendo, de la cual puedes aprender, al menos, cada domingo, cada jueves, cada lunes con las mujeres, cada discipulado y oportunidad de oración, cada evangelismo o evento, tienes esta oportunidad de ver lo que Dios está haciendo. Pablo estaba en acción, y Timoteo ponía atención, y ahí es donde recibía el discipulado.

Por ejemplo, cada vez que Israel tuvo victorias, Dios prometía estar con ellos, pero para poder ver el poder de Dios, sus maravillas, ver su fidelidad, la gente tenía que presentarse y estar en medio de la batalla, en primera fila. Dios no quería que se quedaran en sus tiendas, o que fueran a comerciar mientras otros peleaban las batallas, al cabo, tenemos la victoria, ahí me platicas.

No, Dios quiere que estés, si estás tan ocupado en tus propios rollos que no le das la prioridad que tiene el estar en la iglesia, en la Palabra, en la oración, entonces siempre te perderás de la acción, y además estarás desconectado, inconforme, quejándote. Dios te llama a estar ahí, donde está la acción, no puedes ser iglesia desde tu casa, en la ocupación de tus múltiples quehaceres.

Dios te manda a estar aquí, ¿dónde has estado todas las veces que hemos visto la gloria de Dios en los eventos? Por eso yo puedo ver una diferencia muy grande en los que están ahí, en la acción, a los que ni siquiera se presentan.

Hay gozo, hay avance, hay fuego en los corazones de los que están donde Dios manifiesta su poder, y por el contrario, hay apatía, hay inconformidad, queja en aquellos que no se toman la molestia ni siquiera de presentarse.

Por eso, pablo le dice a Timoteo: lo que has oído de mí; es decir, Timoteo siempre estuvo en el lugar de la acción, donde Dios se manifiesta, esos son los que les toca ver las maravillas, no los que se quedan en casa distraídos con cosas que sencillamente no permanecen, son vanas, temporales.

Escuchar, akoúo, tiene que ver con atención, entendimiento que lleva a la obediencia, y delante de muchos testigos tiene que ver con que Pablo estaba aplicando lo que estaba enseñando.

También al decirle que lo oyó delante de muchos testigos, implicaba que no se trata de un conocimiento oculto, solo para unos cuantos, sino este depósito, este molde, la forma de la sana doctrina, la cual comenzó en Cristo, luego en los apóstoles y después a quienes ellos enseñaron.

No se trata de una supuesta sucesión apostólica, el Nuevo Testamento ni enseña, ni respalda esta idea, se trata de mantener la antorcha encendida que Cristo comenzó, y que nos dejó escrita en la Biblia.

Se transmitir una fe viva, no solo información, no un sistema de ritos religiosos, o supuestos poderes místicos, sino la verdad del Evangelio que está disponible para todo aquel que cree, todo aquel que busca al Señor con sinceridad.

Esta verdad que no solo es filosofía, sino una relación con Dios, una forma de vida, la cual cada maestro enseña a otro, y a otro, como eslabones de cadenas que llevarían hasta Cristo, lo cual no es fácil, tiene pruebas, dificultades, requiere disciplina, la gente no siempre es fiel y amable, por lo tanto, se necesita toda la gracia de Dios. Y, ¿cómo deben ser estos eslabones? Dice Pablo:

2 Ti 2:2b esto encarga a hombres fieles que sean idóneos para enseñar también a otros.
Encarga, la misma palabra que hemos estado aprendiendo paratídsemi, colocar junto, presentar, depositar, encomendar, exponer.

Vestido de esta gracia, capacitado por ella, reteniendo la forma, guardando ese buen depósito, sin diluir ni alterar, así hay que pasarlo a la siguiente generación, a través de hombres fieles, pistos, de la raíz de pisis, fe.

Hombres fidedignos, confiables, que verdaderamente han depositado su confianza en el Evangelio, en la verdad, y por lo mismo, morirían y vivirían por ella a cualquier costo. Hombres que perseveran, no inconstantes en sus caminos, sino fieles delante de Dios y de la verdad.

Los cuales, a su vez, responsablemente se fortalecen en la gracia para ser capacitados con el poder de Dios, idóneo es la palabra jikanós, que significa llegar a ser competente, apropiado, digno, suficiente, adecuado, capaz.

Porque sostenerse en la verdad, cuesta, cuesta morir a uno mismo, morir a nuestra jactancia, auto suficiencia, rendirnos ante el único Dios, declararnos no dioses, sino siervos, esclavos del único dueño y Señor de todo.

Por eso, no se trata de hombría en el sentido de machismo, o de capacidad en la carne, como lo vimos anteriormente; esta capacidad no se obtiene en un seminario, o universidad, o en un grupo de discipulado. Sobra gente con conocimientos, pero, sin esta fortaleza. Habla de esta capacidad dada por la gracia de Dios.

Y dices, bueno, al cabo no soy pastor, no es así, tú vas a dar cuentas de lo que se te ha confiado también, y hay otros que te están viendo, tus hijos, tu esposa, tu familia extendida, tus compañeros de trabajo.

El punto es, ¿amas la verdad?, ¿te estás preocupando por entenderla, por responder a ella? ¿Te importa ver a Dios en acción, no solo para tus deseos egoístas, sino para el progreso del Evangelio?

Vestido de la gracia necesito saber que en el proceso de mantener la verdad y de transmitirla voy a sufrir penalidades, no va a ser fácil, hay enemigos, dentro y fuera de mí, por eso necesito estarme esforzando por lo correcto; mi siguiente punto es:

III. Se requiere gracia porque somos soldados de Jesucristo y un buen soldado no debe distraerse con las cosas de este mundo.
2 Ti 2:3a Tú, pues, sufre penalidades.
Hacer a Jesucristo nuestro Señor y servirlo fielmente trae aflicción, por lo tanto, necesitamos su gracia para lograrlo.

Tú pues, mi amado, y verdadero hijo en la fe, que has entendido quién eres, a quién perteneces, por qué reino peleas, a qué rey estás representando no solo como soldado, sino como un embajador, sufre penalidades, porque el rey al que representas no es bien recibido en este mundo.

Recuerda, el hecho de que Cristo haya venido a este mundo, representa una invasión al falso Edén hecho por un ser humano rebelde que pretende hacer su propio cielo, a su manera y sin Dios, que ama sus tinieblas y que aborrece la luz.

En Cristo, el reino de los cielos vino a conquistar el reino de las tinieblas, por lo tanto, estamos en una guerra, y si en verdad estamos en Cristo, y hemos entendido el Evangelio, debemos esperar aflicción, no bienvenida, no fanfarrias, bombo y platillo, dice en 1 Pedro:

1 Pe 4:12-16 Queridos hermanos, no se extrañen del fuego de la prueba que están soportando, como si fuera algo insólito. 13 Al contrario, alégrense de tener parte en los sufrimientos de Cristo, para que también sea inmensa su alegría cuando se revele la gloria de Cristo. 14 Dichosos ustedes si los insultan por causa del nombre de Cristo, porque el glorioso Espíritu de Dios reposa sobre ustedes. 15 Que ninguno tenga que sufrir por asesino, ladrón o delincuente, ni siquiera por entrometido. 16 Pero si alguien sufre por ser cristiano, que no se avergüence, sino que alabe a Dios por llevar el nombre de Cristo.

Obviamente, el reino de las tinieblas que estamos invadiendo no nos va ceder terreno nomás por bonitos, hay una batalla que luchar, y si no estás luchando y estás muy acomodado en el terreno enemigo, quizá esto indica que no estás luchando para el rey correcto, y vas a ser de los que resisten la verdad.

Pero, tú y yo sabemos lo que es estar en el reino de las tinieblas, no es libertad, es esclavitud, y no es que no haya aflicción, también la hay, y es una aflicción amarga, llena de desesperanza, miedo, celos, miseria, hasta llegar a la muerte.

No te engañes, no es que sin Cristo no hay aflicción, la hay, y peor, el punto es, ¿qué tipo de aflicción quieres tener? ¿Padecer por causa de la verdad o padecer por causa de la injusticia?

Porque Satanás hace ver como perdedores a los que padecen por la verdad, porque nos engaña con una nube de jactancia y orgullo, en la que en nuestra carne nos creemos dioses, pero es un engaño, porque realmente no tenemos control de nada, porque es Dios el único que sigue teniendo el control de todo, y cuando él dice se acabó, se acabó.

Puedes estar en la cima de la fama, del éxito económico o profesional, pero, de pronto, por más verduras que comas te viene un cáncer, y see you later. Por eso, no es que en Cristo no te vas a enfermar, pero, al menos ya salimos de esa vana ilusión de creernos eterno en este mundo, hoy vivimos libres, llenos de esperanza, esperando lo que verdaderamente es nuestro, Pablo decía:

2 Co 4:16-18 Por tanto, no desmayamos; antes aunque este nuestro hombre exterior se va desgastando, el interior no obstante se renueva de día en día. 17 Porque esta leve tribulación momentánea produce en nosotros un cada vez más excelente y eterno peso de gloria; 18 no mirando nosotros las cosas que se ven, sino las que no se ven; pues las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas.

Lo veíamos el jueves, Caín, quien representa al incrédulo, para quien solo existe el aquí y del ahora, nos muestra la realidad, vivir sin Cristo, es vivir como fugitivos, huyendo de Dios, quien verdaderamente tiene nuestro hogar, es huir del único hogar verdadero, por lo tanto, es vivir sin estabilidad, sin propósito verdadero, porque por más bonita que hagas tu casa, no vas a poder vivir ahí para siempre.

Pero, nosotros los creyentes vivimos como extranjeros y peregrinos, es decir, no estamos interesados en hacer un hogar permanente donde no es nuestra tierra, ¿para qué? Nuestro corazón ansía, siente nostalgia por nuestro verdadero hogar.

Somos peregrinos, es decir, sabemos que estamos de paso, no estamos huyendo de casa, vamos rumbo a nuestra casa verdadera la cual nuestro Señor está construyendo para todo aquel que cree en él, la cual no nos será quitada, porque no se desgasta, ni se destruye, y estaremos en ella por la eternidad.

Y si dices: no Chuy, eso es fanatismo, bueno, te invito a que des una vuelta al panteón, desde hoy te profetizo, tarde o temprano, ojalá que, en muchos más años, no hoy, pero, tú y yo, y todo ser humano que nazca tenemos una cita en ese lugar.

Y por fuera las lápidas pueden verse muy arregladas, pero abajo solo hay podredumbre, y ninguno de los que están ahí tiene absolutamente nada por lo que tanto se afanó y trabajó, nadie.

Pero, hoy, aquellos que hemos oído con atención la Palabra y la ponemos por obra, hemos aprendido a disfrutar lo de este mundo, y además a invertirlo en lo eterno, sin Cristo solo se desparrama, se desperdicia.

Pero en Cristo, sabemos cómo invertirlo en el banco celestial, es decir, mi hermano, mi amigo, en Cristo, todo es ganancia, una sencilla, no complicada, claro enfocada, comprometida, pero llena de esperanza verdadera.

Y mira, la palabra sufrir es interesante, sunkakopadséo, es sufrir adversidad en compañía de, es decir, no estás solo, hay una nube de testigos, miles de personas que declaran: vale la pena sufrir por Cristo, además, lo mejor de todo, es que el mismo Cristo camina con nosotros en este tipo de sufrimiento.

No así el sufrimiento de este mundo, en medio del cual duele, quema, arde la soledad porque realmente no puedes tener una sola relación sana, plena sin Cristo, porque obviamente sin estar reconciliados con Dios, sin paz para con Dios, no podemos tener paz para con nadie, por más que nos esforcemos. Y dice:

2 Ti 2:3a como buen soldado de Jesucristo.
Como un buen, honroso, valioso, recto, virtuoso, soldado, y un soldado de Jesucristo, mira quién es nuestro comandante, mira quién es el que traza estrategia, quién es el que va delante de nosotros.

Nunca debemos perder de vista que es lo que somos soldados, esto implica que estamos en guerra, y en terreno enemigo, no te vas a quejar de la incomodidad, no podemos exigir condiciones de trabajo más cómodas.

Estamos en terreno enemigo, estamos bajo fuego, si no nos matan ya podemos darnos por afortunados, aunque no hubiera comida, aunque hiciera frío, no sé.

Yo creo que lo único que sí exigiría un soldado es una buena armadura, lo cual tiene, una buena arma, lo cual también tiene, un buen comandante que le dé buena estrategia para ganar, lo cual también tiene, a Jesucristo el comandante supremo, y delante de este general, el mismo Satanás se postra.

Así que cámbiale al canal, y deshazte de ese evangelio que dice que somos princesas o príncipes hijos del rey, lo somos, pero nuestro reino, nuestra riqueza no está en este mundo temporal, hoy por hoy estamos en campaña de conquista.

Ya ganamos la guerra, y estamos esperando ese día especial en el que recibiremos nuestro botín, nuestra herencia, y seamos coronados personalmente por nuestro rey y Señor, pero, cámbiale al canal, no se trata de ti, se trata de él.

Y solo hay dos opciones, o por amor eres soldado de Jesucristo, del reino de la luz, quien te compró por precio.

O la otra opción, eres un soldado de Satanás, del reino de las tinieblas, y ahí las condiciones son muy diferentes, estás como esclavo, no por voluntad propia, bajo un yugo de esclavitud cruel y mortífera, lastimándote, y lastimando a los demás, donde no le importas para nada a ese príncipe de tinieblas, sino que te aborrece, te utilizará, y después se deshará de ti. Y dice Pablo:

2 Ti 2:4 Ninguno que milita se enreda en los negocios de la vida, a fin de agradar a aquel que lo tomó por soldado.
Un soldado que milita no tiene un trabajo por fuera, ni de 9, ni de 60 horas por semana, es soldado las 24 horas del día y los 365 días del año, todos sus recursos, cuerpo, salud, habilidades, tiempo todo le pertenece al ejercito al cual sirve.

Aún si pidiera licencia, tiene que estar disponible al momento en el que lo llaman y por cualquier razón, si va en una misión que es peligrosa, se espera de él que arriesgue su vida hasta el límite sin cuestionar o dudar.

Se enreda, es la palabra empléco, y tiene este sentido de quedar enganchado, entrelazado, y no se refiere a hacer cosas que en sí son malas, se está refiriendo más bien a que un soldado no va a decir: hoy no puedo ir a pelear porque tengo un negocito que cerrar, dile al enemigo que me aguante tantito, nomás cierro y ya voy para allá.

No mis hermanos, debemos aprender a priorizar, no podemos darnos el lujo de permitir que cuestiones terrenales interfieran con el cumplimiento de nuestro deber para con nuestro Señor. Debemos estar siempre alerta, con las maletas hechas, porque no sabemos ni el día ni la hora, y lo que hemos trabajado, ¿para quién será si el Señor nos llama?

Nos mantenemos ocupados, trabajando diligente y responsablemente, pero, al mismo tiempo lo hacemos con las maletas hechas. El Señor dijo:

Luc 9:57-59 Yendo ellos, uno le dijo en el camino: Señor, te seguiré adondequiera que vayas. 58 Y le dijo Jesús: Las zorras tienen guaridas, y las aves de los cielos nidos; mas el Hijo del Hombre no tiene dónde recostar la cabeza. 59 Y dijo a otro: Sígueme. El le dijo: Señor, déjame que primero vaya y entierre a mi padre. 60 Jesús le dijo: Deja que los muertos entierren a sus muertos; y tú vé, y anuncia el reino de Dios.

Luc 9:61 Entonces también dijo otro: Te seguiré, Señor; pero déjame que me despida primero de los que están en mi casa. 62 Y Jesús le dijo: Ninguno que poniendo su mano en el arado mira hacia atrás, es apto para el reino de Dios.

Todo esto implicaba no una despedida, o un velorio, implicaba: nomás que mi papá se muera, ahora sí ya te sirvo, nomás que cumpla esto o lo otro, ya te sirvo, sí ya viejo y reumatoso, ¿qué vas a poder hacer? ¿Qué sucede con los que se enredan con los negocios de la vida? Dice la parábola del sembrador:

Luc 8:14 La que cayó entre espinos, éstos son los que oyen, pero yéndose, son ahogados por los afanes y las riquezas y los placeres de la vida, y no llevan fruto.

Por eso el Señor advirtió muchas veces:

Luc 12:35-38 »Manténganse listos, con la ropa bien ajustada y la luz encendida. 36 Pórtense como siervos que esperan a que regrese su señor de un banquete de bodas, para abrirle la puerta tan pronto como él llegue y toque. 37 Dichosos los siervos a quienes su señor encuentre pendientes de su llegada. Créanme que se ajustará la ropa, hará que los siervos se sienten a la mesa, y él mismo se pondrá a servirles. 38 Sí, dichosos aquellos siervos a quienes su señor encuentre preparados, aunque llegue a la medianoche o de madrugada. (NVI)

Esta es la manera en la que en nuestros corazones debe estar este deseo de agradar a aquel que nos llamó, si es verdad que somos cristianos, ese debería ser nuestro todo; lo he venido repitiendo, para el creyente genuino Cristo no es un medio para alcanzar mis fines, Cristo es el fin, él es la meta de todo lo que hago.

Además, mis hermanos, es maravilloso que el Señor nos haya llamado, y ahora nos tenga por fieles, es un gran privilegio, militar para el ejército del reino de los cielos, para este rey maravilloso, bueno y justo. Así le cantamos, mi rey, pero, de la misma manera, militamos, guerreamos para él.

IV. Somos atletas y requerimos disciplina, fijando nuestros ojos en la meta, para lo cual necesitamos gracia.
2 Ti 2:5 Y también el que lucha como atleta, no es coronado si no lucha legítimamente.
No solo necesitamos estar vestidos de la gracia para sufrir penalidades como soldados de Jesucristo, sino también requerimos de la disciplina, la determinación, la persistencia, una voluntad decidida a ganar una competencia.

Un atleta no solo está en una competencia y se esfuerza en ese momento para ganar, él necesita haberse preparado, requirió de sacrificios, dormir temprano, buena alimentación, entrenamiento.

Nosotros no estamos compitiendo contra otros cristianos, pero sí contra los deseos carnales que batallan contra nuestra alma, contra nuestro ego, contra el mundo, contra Satanás y sus servidores. Y tenemos una meta: Cristo; decía Pablo:

Flp 3:13-14 Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, 14 prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús.

Y dice: no hay meta sin una competencia bajo las reglas. En aquellos tiempos había tres requisitos que todo competidor tenía que cumplir, si no era descalificado automáticamente: 1º Nacimiento, 2º Entrenamiento, y 3º Competición.

1º Tenía que ser alguien verdaderamente fuera griego, 2º Tenía que prepararse al menos diez meses antes de la competencia, y tenía que jurar delante de una estatua de Zeus que lo hizo. Y 3º Había reglas específicas en cada disciplina o evento que tenía que conocer y bajo las que tenía que competir.

De igual manera, nosotros debemos haber nacido de nuevo, claro, eso es de parte de Dios, él es quien nos rescató, nos dio vida cuando estábamos muertos, pero, no solo eso, requerimos de fidelidad en estudiar y obedecer la Escritura, estamos llamados a negarnos a nosotros mismos, a tener una vida de adoración, y vivir de acuerdo a los principios bíblicos que nuestro Señor Jesucristo y su Palabra nos indican.

El sabernos en esta maravillosa competencia donde la meta es Cristo, nos debe recordar que no es automático, que requerimos dedicación, esfuerzo constante, es lo que hace un verdadero discípulo, de hecho, disciplina espiritual tiene la misma raíz que el discípulo, quien se enfoca, quien vestido de la gracia en Cristo tiene el control de sus apetitos, emociones, prioridades y objetivos.

Mis hermanos, no sé qué clase de cristianismo practiques, pero recuerda dos principios importantísimos, buenas intenciones, muy sinceras, pero sin acción, no es obediencia. Y obediencia a medias, es desobediencia. Cristo está esperando de nosotros que pongamos manos a la obra, Pablo les dijo a los Corintios carnales y distraídos con el aquí y el ahora:

1 Co 9:24 -27 ¿No se dan cuenta de que en una carrera todos corren, pero sólo una persona se lleva el premio? ¡Así que corran para ganar! 25 Todos los atletas se entrenan con disciplina. Lo hacen para ganar un premio que se desvanecerá, pero nosotros lo hacemos por un premio eterno. 26 Por eso yo corro cada paso con propósito. No sólo doy golpes al aire. 27 Disciplino mi cuerpo como lo hace un atleta, lo entreno para que haga lo que debe hacer. De lo contrario, temo que, después de predicarles a otros, yo mismo quede descalificado.

Y Pablo menciona lo que estamos esperando ver a nuestro Señor cara a cara, pero, aun las coronas que un día echaremos a sus pies, según Apocalipsis 4.

La corona de justicia que recibirán de Dios mismo aquellos que aman su regreso, mencionada en 2 Timoteo 4:8; la corona incorruptible de gloria, que recibiremos cuando aparezca el Príncipe de los pastores, mencionada en 1 P. 5:4, y la corona de vida que Dios ha prometido a los que le aman. Según Santiago 1:12 Y Ap 2:10.

Así como puedes estar peleando una batalla incorrecta, también si te dejas engañar por este mundo vas a estar en una competencia incorrecta, la cual no lleva a ninguna meta, porque son ilusiones, son los espejismos de este mundo que a nadie llenan, y que a todo mundo tienen babeando, por una ilusión inexistente, golpeando al aire y yendo como Caín, a ningún lado, corriendo como fugitivo, sin hogar. Y dice:

V. Necesitamos gracia porque se sufren penalidades al trabajar la tierra para ver fruto.
2 Ti 2:6 El labrador, para participar de los frutos, debe trabajar primero.
Es interesante, también sufrimos penalidades como labradores, no solo al transmitir nuestra fe, al luchar como soldados, o al competir en la carrera, sino también al labrar la tierra para ver fruto.

Esta imagen es la de un granjero de aquellos tiempos, a quien se contrataba para trabajar la tierra, y su pago sería un porcentaje de la cosecha. De manera que, para recibir su pago, primero tendría que trabajar arduamente.

Trabajar, es la palabra kopiao, la cual implica arduo trabajo un esfuerzo intenso, que implica sudor y esmero hasta quedar exhausto.

Un labrador comienza temprano y termina tarde, soporta el calor, la lluvia, la sequía, tiene que arar el suelo sea que la tierra esté dura o blanda, no puede hacerlo en su propia agenda porque las estaciones son las que mandan, hay un tiempo de plantar, y debe plantar, si hay mala hierba, tiene que arrancarla, si el cultivo ya está maduro hay que cosecharlo.

Y es una especial aflicción el ser labrador por varias causas, en primer lugar, a diferencia de los demás, alguien que transmite su fe, mientras enseña puede ser muy emocionante ver el avance de sus discípulos, un soldado en batalla tiene todo menos aburrimiento, el que compite está emocionado por la competencia.

Pero, el trabajo del labrador en su mayoría es tedioso, rutinario y poco emocionante, y peor aún si no ve el fruto cuando debería verlo.

Un soldado tiene compañeros, un competidor tiene una multitud que le vitorea, por lo regular un labrador es solitario, no tiene alguien que le esté diciendo: échale ganas, tú puedes. Y muchas veces la rutina de sembrar es poco emocionante, atractiva o compensadora.

Esto nos sirve porque muchas veces queremos ver fruto donde no hemos sembrado, o lo queremos pronto, pero, el fruto, así como un bebé, tiene su tiempo, y requiere riego, y requiere una buena siembra, y a veces hemos hecho todo, y aun así no hay fruto.

Pero, no debemos olvidar que, a pesar de todo esto, nuestra recompensa está guardada en los cielos, y nuestro recompensador es fiel, en ese fruto deben estar puestas nuestras esperanzas, en saber que a la recompensa de Cristo para sus discípulos fieles jamás será deficiente, injusta, ni llegará tarde, ni se le olvidará.

Si bien, no obramos para ser salvos, o para mantenernos salvos, sí nos recuerda que es la manera de saber si nuestra fe está viva, si estamos en esas buenas obras que Dios preparó para que anduviésemos en ellas, y que nuestras obras recibirán recompensa, dice la Palabra:

2 Co 5:9-11 Así que, ya sea que estemos aquí en este cuerpo o ausentes de este cuerpo, nuestro objetivo es agradarlo a él. 10 Pues todos tendremos que estar delante de Cristo para ser juzgados. Cada uno de nosotros recibirá lo que merezca por lo bueno o lo malo que haya hecho mientras estaba en este cuerpo terrenal.11 Dado que entendemos nuestra temible responsabilidad ante el Señor, trabajamos con esmero para persuadir a otros.

1 Co 15:58 Así que, hermanos míos amados, estad firmes y constantes, creciendo en la obra del Señor siempre, sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es en vano.

1 Co 3:13-14 la obra de cada uno se hará manifiesta; porque el día la declarará, pues por el fuego será revelada; y la obra de cada uno cuál sea, el fuego la probará. 14 Si permaneciere la obra de alguno que sobreedificó, recibirá recompensa.

Por eso, mira lo que mantiene al labrador en pie y trabajando arduamente: pensar en el fruto; es ahí donde tiene que poner su mente y su corazón, porque vale la pena. Por eso concluye Pablo:

2 Ti 2:7 Considera lo que digo, y el Señor te dé entendimiento en todo.
Pablo le dice a Timoteo considera noeo, que significa percibe con claridad de mente, con comprensión total, considerando cuidadosamente, valorándolo, reflexionándolo, y lo hace de manera imperativa, es decir, todo esto, no es un mero consejo, es un mandato.

Timoteo, el creyente genuino sufre aflicción, no está en casa, está en terreno enemigo, no se debe enredar por asuntos mundanos, debe procurar poner por obra y obedeciendo los mandatos del Señor, hay tareas que debe cumplir.

Eres soldado, eres un atleta, eres un labrador, pero hay victoria, hay recompensa de una vida despilonada, y dedicada, hay un fruto precioso del trabajo de labrar.

Pero, a menos que no lo consideres y lo pongas por obra, entonces no vas a poder entenderlo, porque está en futuro, si consideras esto, entonces el Señor te dará entendimiento en todo esto, y estoy seguro que estarás feliz y dichoso, lleno de gozo.

Es como la fe, mucha gente piensa: cuando vea, cuando Dios me ponga delante la mesa servida y yo me sienta seguro, entonces voy a obedecer. Eso no es fe, la fe es escuchar la promesa, el mandato y aunque toda circunstancia esté complicada, yo obedezco y confío, y es así como compruebo.

Primero obedezco y luego compruebo, no compruebo, y luego obedezco, de la misma manera, considero todo esto, lo obedezco, y entonces el Señor me dará entendimiento, comprensión, inteligencia, todo caerá en su lugar, y podré poner en práctica con confianza todas estas cosas, para ver gozo en mi vida.

Por eso pregúntate algunas cosas: ¿Te estás dedicando a guardar, enseñar y transmitir la verdad de Dios? ¿Te estás negando a ti mismo y estás considerando que tu vida no tiene importancia a fin de servir fielmente a tu Señor?

¿Te estás manteniendo alejado de los asuntos del mundo? ¿Te preparas continuamente para servir a tu Señor? ¿Entiendes la negación y el sacrificio personal que requieres como discípulo y servo del Señor? ¿Estás dispuesto a pagar el precio que tu Señor te pide? Entonces podrás ver cómo el Señor te da entendimiento en todo, sabiduría y visión hasta la victoria en cada desafío.

Pero, sé honesto, ¿qué estás transmitiendo una fe genuina, o religión? ¿Para qué rey estás militando, para el príncipe de este mundo en tinieblas y su filosofía, o para el rey del reino de la luz? ¿Qué carrera estás corriendo, la equivocada carrera de este mundo por lo temporal, o en verdad tienes como meta a Cristo tu Señor?

¿Qué fruto tienes en tu mente y en tu corazón por el que estás trabajando con tanto cansancio y sudor, un fruto temporal o eterno?

Pueda ser que lo entiendas, y que digas: lo estoy haciendo Chuy, o estoy tratando de hacerlo, pero, me siento desconectado, débil, hasta enojado con tus hermanos. ¿No andarás quizá fuera del rango donde Cristo está derramando su gracia?

No pienses que, en medio de tu afán y ocupación en las cosas de este mundo, él va a andar detrás de ti con una cubeta de gracia, para ver si tiene suerte y en una de esas que te quedes quieto, por suerte te cae encima y te baña.

Tampoco Cristo prometió darte gracia si estás peleando tus propias peleas pretendiendo ganar victorias mundanas, Cristo no te va a dar gracia para eso. Tampoco te va a fortalecer para que andes en la carrera vacía y sin sentido de este mundo, y mucho menos, él te promete fruto de trabajar para lo que no sustenta, lo que no permanece.

¿Te acuerdas del rey David y de Saúl? Saúl peleó sus propias batallas y Dios no estuvo con él, terminó derrotado y asesinado por el enemigo que pudo haber vencido en un instante, pero David dedicó su reinado a pelear las batallas de su Señor, y eso lo llevó a la victoria, la cual sigue por la eternidad en Cristo Jesús. Asegúrate de estar peleando, corriendo, trabajando en la batalla, la carrera y la tierra correctas.

1 Co 15:57-58 Mas gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo. 58 Así que, hermanos míos amados, estad firmes y constantes, creciendo en la obra del Señor siempre, sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es en vano.