Primero lo Primero

Primero lo primero 

de Joel Maglio, el Lunes, 5 de Julio de 2010 a la(s) 10:39 ·
 
En esta semana nos tocó leer Juan 15. En este pasaje Jesús enseñó a toda la humanidad otra lección magistral declarando: YO SOY la vid verdadera. Como mendocino que soy es inevitable que en mi mente piense de inmediato en la imagen de una gran vid con sus ramas y, por supuesto, con racimos de uvas imponentes. Pero para que esto suceda deben darse en la viña una serie de cosas. Si una rama no es podada, si no se nutre bien de la savia que corresponde, si no recibe alimento y cuidados de un buen labrador… simplemente no dará buen fruto. Y una viña que no da frutos no tiene mucha utilidad.
Me parece que nuestras iglesias se comportan en algunas ocasiones como una mega empresa – efectiva que busca solo resultados y en otras oportunidades nos parecemos más bien a un grupo de hipies – bohemios que quieren disfrutar de la relación antes que pensar en las obligaciones. Puede que no te sientas identificado con ninguna de estas dos posturas. Una cosa es segura: Jesús es la Vid verdadera, nosotros (y no mires para otro lado) somos las ramas y el Padre es el Labrador. Cada corazón sabe dónde le “aprieta el calzado” al leer las palabras de Jesús.
 
Es curioso que Jesús haya terminado esta reflexión (por favor lee todo Juan 15 antes de continuar leyendo) con estas palabras: “Nadie tiene amor más grande que el dar la vida por sus amigos. Ustedes son mis amigos si hacen lo que yo les mando. Ya no los llamo siervos, porque el siervo no está al tanto de lo que hace su amo; los he llamado amigos, porque todo lo que a mi Padre le oí decir lo he dado a conocer a ustedes”. Existen varias diferencias entre un empleado y un amigo.
La riqueza que tenemos por nuestra diversidad cultural a veces es mal interpretada. Los latinos nos golpeamos el pecho y nos da orgullo el que seamos conocidos como apasionados que pueden disfrutar de la familia y los amigos. Los Argentinos le mostramos al mundo con orgullo nuestro mate y asado y decimos que no son alimentos que se han creado para compartirlos solos. A veces nos burlamos de otras culturas que pueden mantener una disciplina impensada para nuestra sangre latina y decimos: “hacen lo que hacen por pura obligación pero no tienen pasión mientras viven”. Cuando sabemos que gente de otros lugares pueden levantarse todos los días bien temprano para buscar a Dios primero, seguro que alguna respuesta chamuyera tendremos para justificar que nuestros días no empiezan en comunión con Dios. Traigo el tema de la variedad cultural porque creo que puede, de nuevo, quedar rendida toda la humanidad ante una verdad del gran Maestro que es Jesús: “Yo soy la vid y ustedes son las ramas… sin mi ustedes nadan pueden hacer… los he puesto para que lleven mucho fruto que permanece… ya no los llamo siervos sino amigos…” etc, etc y etc.
Es una verdad en las sociedades “desarrolladas” el tener que correr para que nuestro tiempo tenga un alto rendimiento. Los costos – beneficios atraviesan nuestras mentes para lograr buenos resultados. En mi trabajo (ventas telefónicas) todo el tiempo tenemos claro que tenemos que lograr resultados… sino tendremos que buscar otro trabajo. Así como en el fútbol goles son amores en las ventas el dinero es el que indica si uno es útil o no. Es duro, pero es lo que nos sucede. Sería bueno que reflexionemos en las diferencias que existen entre un ambiente laboral y un ambiente fraternal. Es raro pero Jesús después de hablar de ramas que deben dar frutos habló de amistad… Acá tenemos que pararnos y pensar un poco.
Para que una rama pueda dar una buena uva tiene que estar bien unida a la vid central. Un buen racimo de uvas puede dar la impresión de independencia, pero la realidad es que para que exista una buena cosecha debe haber antes una buena unión entre las ramas y la vid verdadera. Esto creo que nos tiene que hacer pensar en la necesidad enorme que tenemos de estar satisfechos. Como humanos queremos que nos amen, que nos hagan sentir importantes, que nos valoren, que nos direccionen. Bueno… Dios está bien interesado en hacernos hijos plenos. A él le encanta que nos deleitemos en su presencia, esto es lo que permite que estemos bien unidos a la vid verdadera y permanezcamos dando frutos. En matemáticas se dice que el orden de los factores no alteran el producto (cuando de suma y multiplicación se habla), en términos espirituales el orden de las cosas es determinante: primero la pasión verdadera de nuestra relación con Dios, después y solo después vendrán los resultados. Nunca debe ser entendido esto al revés. Si nos “cabe el saco” es bueno que nos lo pongamos y corrijamos el orden de nuestras prioridades.
 
Sería bueno que nos detengamos a pensar si en medio de nuestra actividad frenética o en nuestra pereza crónica no estamos descuidando lo primero: el deleitarnos en Dios. Después vendrán resultados tremendos. De manera increíble cambiaremos, Dios nos cambiara. Solo en Jesús tenemos felicidad verdadera y podemos lograr resultados efectivos para el Reino de los cielos (que no es precisamente una empresa que busca ganar dinero).

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