2 Timoteo 1:1-7 AVIVA EL FUEGO DEL DON DE DIOS


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INTRODUCCIÓN

Seguimos avanzando en la Palabra de Dios, estudiando todo el consejo de Dios, el cual tiene poder para sobreedificarnos y darnos herencia con los que el Señor ha llamado, y por la gracia de Dios, hoy avanzamos a esta nueva carta.

 

¿A quién le está escribiendo Pablo?

Pablo sigue escribiendo a su amado hijo en la fe, Timoteo, uno que honra a Dios, quien creemos que siendo un Joven de 20 años al ver la fe de Pablo cuando este fue arrastrado fuera de la ciudad, apedreado, y dejado como muerto.

 

Seguramente Timoteo quedó impresionado al ver que Pablo además de levantarse milagrosamente, no sale huyendo, sino que, regresa a la ciudad y conforta a los creyentes, puedes leer esto en Hechos 18. Desde ese momento la vida de este muchacho de 20 años no volvió a ser la misma, un muchacho que dio fruto al 30, 60 y al 100 por uno.

 

El Evangelio, y la fe de Pablo en acción impactaron a Timoteo a tal punto que fue transformado, siguiendo los pasos de su maestro. Y Timoteo no solo se convirtió en discípulo de Pablo, sino en su hijo amado, su amigo y su colaborador por el resto de su vida.

 

¿Cuál es el contexto histórico?

 

1 Timoteo fue escrita poco después de la liberación de su primer encarcelamiento romano entre el 62 y 64 d.C. Pablo estaba libre. Unos años después, entre 2 y cuatro años, Pablo vuelve a ser encarcelado, pero esta vez ya no sale, sino que poco tiempo después es ejecutado, estamos entre el año 66 y 67 d.C.

 

En este tiempo de la historia es cuando Nerón, un hombre totalmente depravado, quien empalaba cristianos, los untaba de brea y los ponía como lámparas para caminar desnudo, incendia Roma, y decide culpar a los cristianos de haberlo hecho, de manera que, se desata una terrible persecución en contra de los cristianos y bajo esta persecución es que Pablo es arrestado, y tiempo después ejecutado.

 

Estamos leyendo la última carta escrita por Pablo antes de morir, de manera que esta carta podríamos denominarla como el testamento de Pablo hacia su hijo amado en la fe, 2 Timoteo son las últimas palabras de alguien que sabe que va a ser ejecutado y no va a estar más en este mundo.

 

¿Qué harías tú si supieras que estás viviendo los últimos días de tu vida y tuvieras una última oportunidad de pasar tu legado, de hablar con tus hijos, con la familia con tus discípulos? Yo siempre les he dicho a mis hijas: sigan a Cristo, es el camino más seguro, amen su Palabra, entréguense a él, él sabrá dirigirlas y cuidarlas.

 

Piénsalo, yo creo que perderías el tiempo hablando del último éxito en la radio, o si ganó tu equipo favorito, o de alguna receta de cocina, hablarías cosas realmente importantes, relevantes, cosas de verdadero valor que quisieras que quedaran grabadas en el corazón de los que amas.

 

De esta manera, en 2 Timoteo, Pablo está dando estas últimas instrucciones a su hijo amado Timoteo, que seguía como pastor de la iglesia en Éfeso, la cual lejos haber madurado, o mejorado desde la última carta, estaba todavía peor, consumida por el materialismo, demasiado distraída por la idolatría, la inmoralidad, por falsa doctrina, desenfocada.

 

Y yo creo que el verso clave de esta carta está en el capítulo 4, casi despidiéndose le va a decir a Timoteo:

 

2 Ti 4:7 He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe. 8 Por lo demás, me está guardada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, juez justo, en aquel día; y no sólo a mí, sino también a todos los que aman su venida.

 

En esta carta Pablo se va a dar a la tarea de animar a un Timoteo acobardado, desanimado, pero no derribado, a seguir la carrera hasta acabarla, a pelear la batalla hasta ganarla y a guardar fielmente la fe hasta que el Señor le llame.

 

Esta carta es también del grupo de las denominadas cartas pastorales, pero a diferencia de Tito y 1 Timoteo, esta carta es tan importante y especial porque Pablo ya no está dando instrucciones de cómo conducirse en la iglesia, sino consejos, mandatos, principios que le permitirán a Timoteo permanecer firme hasta el final a pesar de cualquier situación.

 

Para este momento de su vida, habiendo servido a Dios en todas las circunstancias imaginables, Pablo pudo experimentar todo lo que se podría haber vivido a lo largo de una vida de servicio al Señor y a su iglesia, y créanme hermanos, con 11 años como cristiano, sirviéndole al Señor, y solo seis años que llevo como pastor, lo cual no se compara en absoluto con la carrera de Pablo, les digo, no es fácil.

 

Sí, es verdad, somos la iglesia de Cristo, la columna y el baluarte de la verdad, pero seguimos siendo pecadores, y todos vivimos rodeados de pecadores, en un mundo impío que constantemente quiere seducirnos.

 

Y nuestro enemigo Satanás, quien comprometido con destruirnos y blasfemar la imagen de Dios bendito no descansa, de manera que, aunque hay hermosos momentos de dulce comunión, también hay momentos de terribles batallas encarnizadas por la fe y la verdad, por permanecer y perseverar.

Pablo ya había vivido todo esto y estaba a punto de graduarse, Timoteo lo estaba viviendo, y hay momentos donde parece que no va a terminar, pero, Pablo había terminado su carrera, había peleado la buena batalla y había guardado la fe, y podía decirle a Timoteo como un testigo no solo ocular, sino por experiencia: Hay victoria Timoteo, hay manera de mantenerse fiel hasta el final.

 

Entonces, estos consejos tienen todo que ver con cómo terminar la carrera, como salir vencedores como Pablo, en especial aquellos que hemos entendido y recibido el llamado a servir a nuestro Señor.

 

El día de hoy comenzamos en esta nueva aventura, y le pido a Dios que nos llene de su Espíritu Santo, y nos permita ser instruidos e inspirados a continuar sanos, salvos, victoriosos en esta carrera, esta buena batalla de guardar la fe tal y como nos fue transmitida por nuestro amado Dios Espíritu Santo en su Santa Palabra.

 

Hoy veremos los primeros 7 versículos en los cuales Pablo le dará a Timoteo las primeras instrucciones y mandatos, recordándole su identidad y su llamado, animándole a algo que todos debemos hacer constantemente, avivar el fuego del don de Dios. Por eso yo titulé este mensaje: AVIVA EL FUEGO DEL DON DE DIOS. Como siempre Pablo comienza con su saludo:

I. Recordando de dónde viene la autoridad y la fortaleza.

Como siempre Pablo comienza con su saludo:

2 Ti 1:1 Pablo, apóstol de Jesucristo por la voluntad de Dios, según la promesa de la vida que es en Cristo Jesús,

Aunque esta carta es muy personal, pero nota cómo Pablo no deja de establecer su autoridad dada por Dios, lo cual es importante porque, le está hablando a su amado hijo en la fe, y esto enseña que la intimidad y el amor no excluyen la autoridad, y viceversa, la autoridad no excluye la intimidad, o el amor,

 

La sujeción y autoridad es una cuestión de diseño, de la voluntad de Dios, quien establece toda autoridad, pero, la autoridad no está diseñada para someter por la fuerza abusando de la autoridad, o humillar al que está abajo, o el que esté abajo tenga que vivir en una eterna rebeldía, sino que, es una oportunidad para ambos, de ejercer obediencia, humildad y amor.

 

Cristo, el Todopoderoso, vivió en este mundo en humildad, sujeción, amor y servicio a un gobierno corrupto e injusto, a seres humanos pecadores, a sus padres, realmente la sujeción y la humildad son rasgos de carácter de una persona que en verdad, ha nacido de nuevo.

 

¿Cómo podemos manifestar que obedecemos y amamos a Dios que no vemos si no obedecemos y amamos a las personas que sí vemos y que él ha puesto por encima de nosotros? Es una muy buena manera de medir nuestra humildad, nuestro amor a Dios, ya que toda autoridad es puesta por Dios, y el que resiste la autoridad a Dios resiste.

 

Y, algunas diferencias que quiero hacer con respecto a la carta anterior, es que, en 1 Timoteo Pablo estaba estableciendo su autoridad debido a las normas que estableció en la iglesia, pero, en esta ocasión es diferente.

 

De una manera muy personal Pablo no solamente está estableciendo su autoridad, sino, creo yo, al mismo tiempo, le está recordando a Timoteo quien es el que da la autoridad, porque Timoteo, aunque no era apóstol, era al igual que Pablo un siervo del Señor, y necesitaba recordar porqué le estaba sirviendo, debido a todos los problemas en Éfeso.

 

Debido a los problemas, y gente desobedeciendo, lo primero que surge en uno, es la duda, ¿me habrá Dios llamado? ¿Me habrá dado Dios la autoridad? Y Pablo establece su autoridad, y al mismo tiempo le recuerda a Timoteo que aún la autoridad que tiene le ha sido dada por Dios, por gracia, por medio del Evangelio.

 

En el saludo de 1 Timoteo le dice: soy apóstol por mandato de Dios nuestro Salvador y del Señor Jesucristo nuestra esperanza, pero, ahora le dice: soy apóstol por voluntad de Dios, y estoy en esta posición por una promesa, la promesa de vida que es y que tenemos en Cristo Jesús, es decir gracias al Evangelio, y esto hace nuestro llamado y nuestro ministerio algo seguro, porque no tiene que ver con nosotros, sino con Dios quien nos llamó.

 

Pablo está diciendo: sí Dios me envió como su embajador, como su apóstol, con la misión de definir la doctrina, de establecer la iglesia, pero, te recuerdo, Timoteo, lo hizo por su voluntad, y estoy aquí como siervo del Señor gracias a la promesa de vida que es y que tenemos en Cristo Jesús, al igual que tú.

 

Y eso es lo que somos, siervos de Dios, y más si le servimos de tiempo completo, porque Dios así lo quiso, ese es fu deseo, no porque lo merezcamos, o porque seamos capaces de una tarea por demás imposible para un ser humano.

 

Imagínate, servir al creador de los cielos y la tierra quien es perfecto y Todopoderoso, un ángel podría hacerlo mejor, sin respingar, sin causar tantos problemas como nosotros, pero, él ha decidido escogernos como sus estorbadores.

 

Lo hemos dicho antes, él no llama a los capacitados, capacita a los que llama, y si estamos aquí, es por su pura gracia, porque él nos ha dado vida eterna, porque hay una promesa divina, la cual nos capacita, haciéndonos hijos legítimos de Dios.

 

Por ejemplo, en 2 Corintios Pablo viene hablando de la victoria total que tenemos en Cristo y el privilegio de manifestar su gloria, al manifestar el grato olor de Cristo, aun siendo lo que somos, y dice:

 

2 Co 2:16b Y para estas cosas, ¿quién es suficiente?

 

Él mismo, hablando de su apostolado les dijo a los Corintios:

 

1 Co 15:10a Pero por la gracia de Dios soy lo que soy;

 

Este es una buen motivador para Timoteo, para ti y para mí, ha sido voluntad de Dios ponernos en la posición de servicio en la que estás, y cualquier éxito es por su pura gracia, porque en su Evangelio se nos ha dado vida, se nos han dado preciosas y grandísimas promesas por las cuales debemos caminar a pesar de cualquier dificultad, y esto debe hacernos descansar. Y mira otra diferencia con respecto a 1 Timoteo, le dice:

 

2 Ti 1:2a  a Timoteo, amado hijo:

A, Timoteo, como ya lo vimos, su nombre significa el que honra, que aprecia, que le da el valor que merece a Dios. En su primera carta le dijo: verdadero hijo en la fe, alguien con una fe legítima, sincera, verdadera, quien en verdad ha nacido del Espíritu santo, quien por gracia de Dios y porque creyó ha recibido este nuevo nacimiento, dice en Juan:

 

Jua 1:12 Pero, a todos los que creyeron en él y lo recibieron, les dio el derecho de llegar a ser hijos de Dios. 13 Ellos nacen de nuevo, no mediante un nacimiento físico como resultado de la pasión o de la iniciativa humana, sino por medio de un nacimiento que proviene de Dios.

 

Este era un muchacho al cual esta verdad le cambió la vida por completo al haber nacido del Espíritu, el cual dio evidencias de una fe genuina, ¿cómo? Dice en 1 Juan:

 

1 Jn 2:4 El que dice: Yo le conozco, y no guarda sus mandamientos, el tal es mentiroso, y la verdad no está en él;

 

Timoteo creyó a la edad de 20 años aproximadamente, para este momento habían pasado 18 o 20 años, y él seguía perseverando y creciendo, y Pablo había sido testigo de la fe genuina de este hombre, porque hay un fruto de obediencia y de perseverancia en aquel que es un hijo genuino.

 

Pero, en este caso le dice más que eso, le dice: amado hijo. Pruebas, tribulaciones, años de ministerio, y su amistad, el vínculo en Cristo entre estos dos no se debilitó, sino que se fortaleció. Mis hermanos, esta es, o puede ser una realidad en todas nuestras relaciones cuando decidimos poner a Cristo como el vínculo, sea amistad, paternidad, matrimonial, o hermandadn en Cristo.

 

No sabemos que Pablo haya tenido hijos en la carne, sí sabemos que tenía familia, que quizá tuvo hasta esposa ya que pertenecía al Sanedrín, para lo cual tendría que ser casado, pero, qué maravilloso es dejar ver a Cristo en acción en nuestras relaciones, y llegar a tener este tipo de amor y amistad, quizá no todas nuestras relaciones lleguen a crecer tan entrañablemente como esta, pero podemos tener al menos una.

 

¿Quieres tener este tipo de relaciones? Mantente fiel a Cristo, y permanece cerca de los que al igual lo están haciendo. Porque estas relaciones trascienden tiempo, y distancia, y seguirán en la eternidad. Y debemos procurarlas, porque tristemente hay más amistades dañadas y rotas, que vínculos de este tipo.

 

Y toma en cuenta que, si somos cristianos en el cielo estaremos junto con los que hemos tenido problemas y ahí nos llevaremos bien, sí o sí.

 

Pero, qué oportunidad el poder nutrir una verdadera amistad en Cristo, el discipular a alguien, es decir, enseñarlo a caminar con Cristo, sin ningún otro motivo que verlo crecer y dar fruto y llegar a decir como Pablo: amado hijo, es al único que vemos en todas las cartas de Pablo, aunque enseñó a muchos, mira lo que dice en 1 Corintios:

 

1 Co 4:15 Pues, aunque tuvieran diez mil maestros que les enseñaran acerca de Cristo, tienen sólo un padre espiritual. Pues me convertí en su padre en Cristo Jesús cuando les prediqué la Buena Noticia. 16 Así que les ruego que me imiten. 17 Por esa razón les envié a Timoteo, mi fiel y amado hijo en el Señor. Él les recordará la manera en que sigo a Cristo Jesús, así como lo enseño en todas las iglesias en todas partes.

 

De todos ellos solo Timoteo se convirtió en su hijo amado, y ¿qué pide para su hijo amado?

 

2 Ti 1:2b Gracia, misericordia y paz, de Dios nuestro Padre y de Cristo Jesús nuestro Señor.

Aun cuando es un vínculo muy especial Pablo pide lo mismo, que pediría para cualquier hermano en Cristo, ¿por qué? Porque estas cosas son lo que todos necesitamos.

 

Nuestra relación con Dios y con los demás comienza en Cristo y se sostiene en Cristo, con sus recursos, no los nuestros, una amistad carnal, lealtades carnales no nos edifican, al contrario, nos lastiman, toda lealtad, toda amistad debe estar fundamentada en Cristo, en su amor, en su verdad y fortalecida con sus recursos.

 

La religión, como lo vimos el jueves pasado, es el intento del hombre por justificarse, por quitarse la culpa y acercarse a Dios en sus fuerzas, con sus recursos, a su manera, lo cual es imposible, lo único que logra es vestirse con ridículas e incómodas hojas de higuera, pero no puede cubrir su injusticia, su culpa, su vergüenza.

 

Pero, el jueves veremos cómo tiene que ser Dios, quien es el que siempre toma la iniciativa, ya que la biblia nos declara que absolutamente nadie busca a Dios, buscamos ídolos que sirvan a nuestros propósitos, pero, nadie está diciendo por iniciativa y voluntad propia, “me quiero rendir a Dios y dejar que él sea el rey, el guía, el centro de mi vida, de hoy en adelante yo estoy muerto, ya no vivo, ahora solo vive él”.

 

Y cuando esto sucede es porque Dios ya nos salió al encuentro ochenta mil veces y su Espíritu Santo nos convenció de pecado, y nos dio fe para creer, y vida eterna, y nuestra vida cristiana es así, comienza en fe, y continua hasta la eternidad sostenida por la fe, dice la Palabra.

 

Efe 2:45, 8-10 Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, 5 aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos)… 8 Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; 9 no por obras, para que nadie se gloríe. 10 Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas.

 

Esto significa que en el momento en el que creímos gracia fue derramada sobre nosotros, ¿qué es gracia? Jaris, la influencia divina sobre el corazón del hombre y su reflejo en la vida, aceptación, buena voluntad, bondad inmerecida, aprobación, mérito, todo esto dado a nosotros como un regalo que jamás podríamos ni comprar, ni jamás podríamos corresponder.

 

Si alguien te regala algo de la tienda más cara de Memphis, podrías decir, pues voy a ahorrar y pues le voy a devolver el favor comprándole algo similar o aún mejor. Esto no lo podemos hacer con el regalo de vida eterna, ni lo merecemos, ni lo mereceremos jamás, ni lo podemos alcanzar, ni jamás lo podremos alcanzar, y por supuesto jamás lo podremos pagar, ni con una eternidad.

 

Y esta gracia nos lleva a la reconciliación con Dios, lo cual es la paz, la paz no es ausencia de conflicto, la paz es unir dos cosas sueltas, por el pecado estamos separados, destituidos de la gloria de Dios, hay conflicto, sin Cristo no somos hijos de Dios como todo mundo piensa, somos hijos de ira, estamos bajo el juicio de Dios.

 

Pero, al recibir este regalo inmerecido en Cristo Jesús, entonces somos reconciliados con Dios, esa separación es acortada, y regresamos a una correcta relación con Dios. Por eso este es el orden gracia, y después paz, sin gracia no hay paz, y la gracia nos lleva a la paz con Dios.

 

Pero, es significativo esto Pablo sigue pidiendo gracia, misericordia y paz para Timoteo, ¿por qué? Porque absolutamente toda nuestra vida cristiana es sostenida por Dios.

 

La religión nos enseña equivocadamente que, a través de ritos, o de buenas obras podemos acercarnos a Dios y recibir su perdón. Ya vimos que es imposible, requeriríamos perfección, y no desde un punto de nuestras vidas, sino haber nacido perfectos y vivir perfectos hasta nuestra muerte, entonces es imposible.

 

Pero, hay otro error aún dentro de la iglesia cristiana, por un mal entendimiento de la gracia, porque en muchas iglesias se enseña que sí, somos salvos por gracia, pero una vez salvos, ahora es nuestra responsabilidad portarnos bien, para mantener nuestro promedio y no perder nuestra salvación.

 

O para mantener buenos méritos y que Dios me siga bendiciendo y viendo con buenos ojos, en otras palabras, soy salvo por fe, pero mantenerme salvo, o ser santo y ser transformado a la imagen de Cristo, esa es otra historia, a mí me toca, es mi responsabilidad.

 

Esto es equivocado, porque no solo somos salvos por gracia, no solo tenemos paz para con Dios por la gracia, por el favor inmerecido de Dios derramado sobre nuestras vidas, sino que nos mantenemos salvos en todo momento, hasta la eternidad exclusivamente por los méritos de Cristo, por su gracia, por su favor inmerecido.

 

Somos salvos en un principio, y nos mantenemos salvos no por nuestros méritos, sino por la gracia de Dios que fluye constantemente sobre nuestras vidas, si por un instante dejara de fluir, entonces todo terminaría para nosotros, lo cual es imposible porque las promesas de Dios, y sus dones son irrevocables, es decir no terminan, porque en él sus promesas son sí y son amén.

 

Para mantenernos salvos hoy necesitamos gracia, cada instante de nuestras vidas, y hoy está fluyendo, y para hacernos santos, transformarnos a la imagen del que nos salvó, necesitamos cuidarnos de estar constantemente bajo el chorro de gracia que viene desde el cielo y que nunca para.

 

Pero, es nuestra responsabilidad estar ahí, orar unos por otros, mantenernos en la Palabra, poner por obra los principios bíblicos amando la verdad y aborreciendo la mentira, amando la justicia y aborreciendo la injusticia, siendo hombres y mueres piadosos, por eso Pablo pudo escribir:

 

Flp 1:6 Y estoy seguro de que Dios, quien comenzó la buena obra en ustedes, la continuará hasta que quede completamente terminada el día que Cristo Jesús vuelva.

 

Esto es algo que necesitamos recordar constantemente, pero, no solo gracia y paz, Pablo incluye la misericordia antes de la paz, ¿qué es la misericordia? No darnos lo que merecemos, y yo creo que como servidores de Dios necesitamos misericordia, misericordia para poder seguir sirviendo al Señor a pesar de nuestras incapacidades, dice Santiago:

 

Stg 3:1 Amados hermanos, no muchos deberían llegar a ser maestros en la iglesia, porque los que enseñamos seremos juzgados de una manera más estricta.

 

Como ya lo mencioné, Pablo había vivido muchas cosas, enemigos dentro y fuera de la iglesia, y el que está al frente tiene que tomar decisiones, los que dirigimos, no somos perfectos, hay errores, no solo eso, hay ataques, porque somos el blanco de Satanás.

 

Hay pecado, hay necedad, hay traición, hay desobediencia, y es muy fácil entregarse a un espíritu de orgullo o de juicio, y necesitamos toneladas de paciencia, del amor de Cristo, de misericordia, de perdón, y no solo para recibirla por nuestros errores, sino para poder darla inagotablemente a aquellos que lastiman, a aquellos que parecen no dar pasos de obediencia.  

 

Esto le recordó a Timoteo, y nos recuerda a nosotros que sigue siendo su obra, su poder, no los nuestros, es la gracia de Dios, es el poder de su Espíritu Santo en nosotros para afrontar cualquier situación.

 

Que esta es su iglesia, la cual él compró con su sangre, la cual él edifica y le da toda victoria sobre cualquier situación. Entender de dónde viene la autoridad y la fortaleza es básico para poder pelear, correr y guardar la fe hasta el día en el que venga el Señor, y saber que él la sostiene, nos hace descansar. Y dice:

II. Viviendo agradecidos, manteniendo una conciencia limpia y orando por nuestros hermanos, y procurando una fe no fingida.

2 Ti 1:3 Doy gracias a Dios, al cual sirvo desde mis mayores con limpia conciencia, de que sin cesar me acuerdo de ti en mis oraciones noche y día;

Lo segundo que va a hacer Pablo es recordarle a Timoteo: hey Timoteo estoy orando por ti; pongo a Dios por testigo, a quien estoy agradecido por el simple hecho de que Dios mismo te trae a mi mente.

 

Esto es algo maravilloso de estar orando, el Señor trae a tu mente personas por las que necesitas orar, y ya no para estarlas juzgando, sino acordarte de ellas con amor y misericordia, este ya es un don de Dios, el cual hay que agradecer.

 

Me gusta que Pablo no se para el cuello y dice: soy tan espiritual que siempre me acuerdo de ti; no, dice, es Dios el que pone en mí el querer como el hacer por su buena voluntad. Aunque Pablo estaba en ese calabozo romano oscuro, húmedo, peligroso, sucio y apestoso, estaba agradecido con el Señor por haberle dado el privilegio de conocer y discipular a Timoteo.

 

Qué importante es mantener un corazón agradecido a pesar de cualquier circunstancia, y no solo eso, una conciencia limpia. Estas dos palabras eran de las favoritas de Pablo, pero, qué importante es tener una conciencia limpia, la cual es esta facultad que Dios puso en cada ser humano de hacer diferencia entre lo bueno y lo malo.

 

Mis hermanos, como decimos, no hay peor engaño que el auto engaño, y esta es la razón por la que muchos de nosotros no salimos de nuestros pecados y malos hábitos, porque nos encanta auto justificarnos acallando nuestra conciencia, la cual claramente nos dice: ¡está mal, no lo hagas!

 

Y si la callo, y la callo, terminaré en hipocresía, y en este auto engaño, es el terreno perfecto para que el engaño de Satanás de fruto de destrucción, lo cual ya es una situación muy peligrosa, porque lo siguiente es tener una conciencia cauterizada, incapaz de diferenciar entre lo bueno y lo malo, al contrario, llamándole a lo bueno malo, y a lo malo bueno.

 

Donde ya es muy difícil encontrar confesión y arrepentimiento genuinos, donde sentimos que podemos bailarnos a Dios y a la gente, cuando solo nos engañamos a nosotros mismos.

 

Lo vimos este jueves con el engaño de Satanás, lo primero que hacemos cuando pecamos es justificarnos, y no ser honestos con Dios, con su verdad, y con nosotros mismos, cuando la Palabra es clara diciéndonos:

 

Pro 28:13 El que encubre sus pecados no prosperará; Mas el que los confiesa y se aparta alcanzará misericordia.

 

Mantener una limpia conciencia nos hace confesar y arrepentirnos, lo cual nos trae sanidad espiritual, avance, bendición porque no nos justificamos, sino que andamos en la verdad y somos libres. Valora la honestidad, valora la verdad de Dios, sé honesto con Dios, contigo mismo, y con tus hermanos. Será medicina para tu cuerpo y para tus huesos.

 

Y Pablo le dice a Timoteo, gracias a Dios que me ha permitido servirlo con una limpia conciencia desde mis mayores, o más entendible, desde que el Señor me rescató, y gracias a él, te recuerdo y oro por ti, noche y día, es decir, en todo momento, y eso hace que mi amor y mi cuidado por ti, sean genuinos, y no egoístas.

 

Como siempre Pablo menciona su servicio más importante orar por sus hermanos en Cristo, en casi todas sus cartas siempre mencionó: estoy orando por ustedes noche y día, qué importante ministerio. Entonces mantenernos agradecidos, una limpia conciencia e interceder por nuestros hermanos, también nos protege. Y mira lo que Dios traía a la mente de Pablo mientras oraba por Timoteo:

 

 

2 Ti 1:4 deseando verte, al acordarme de tus lágrimas, para llenarme de gozo;

Producía en él un deseo por ver a Timoteo, lo cual le llenaría de gozo, al recordar su afecto sincero por él. Muy probablemente Pablo tuvo la oportunidad de despedirse de Pablo en alguna visita breve a Timoteo en Éfeso antes de su arresto en Nicópolis, pero, este mismo afecto lo vimos en todos los ancianos de Éfeso cuando se despedían de Pablo, dice:

 

Hch 20:36-38 Cuando hubo dicho estas cosas, se puso de rodillas, y oró con todos ellos. 37 Entonces hubo gran llanto de todos; y echándose al cuello de Pablo, le besaban, 38 doliéndose en gran manera por la palabra que dijo, de que no verían más su rostro. Y le acompañaron al barco.

 

En aquel momento Pablo les dijo que no verían más su rostro, y sí lo vieron, pero en este caso era muy probable que Pablo no volviera a ver a Timoteo en esta vida. Mis hermanos, que hermoso es el amor cristiano genuino, qué importante es procurarlo al mantenernos bajo el flujo de la gracia del Señor. Ahora, veamos qué le traía tanto gozo, además de volver a ver a su hijo Timoteo, dice:

 

2 Ti 1:5 trayendo a la memoria la fe no fingida que hay en ti, la cual habitó primero en tu abuela Loida, y en tu madre Eunice, y estoy seguro que en ti también.

Otra cosa que le causaba gozo y agradecimiento a Pablo aun en estas horribles condiciones era recordar que la fe de Timoteo era sincera. Qué importante la sinceridad, la honestidad; imagínate a Pablo con todos sus años de ministerio, cuántas cosas no vio.

 

Y la verdad es que yo con apenas 17 años de cristiano he podido ver que en realidad son pocos los que en verdad dan fruto al 30, al 60 y al ciento por uno, son más los que tropiezan que los que perseveran, de manera que es un gozo recordar a gente genuina, sincera en su fe, sin fingimiento, sin motivaciones ocultas.

 

Y mira cómo Pablo está animando a Timoteo: hey, estoy orando por ti; y en mis oraciones recuerdo Timoteo que en verdad me amas en Cristo, y además recuerda, eres bien correspondido, y por si fuera poco recuerdo tu fe Timoteo, no lo olvides, de todos los que he conocido, aún de Tito, o Epafrodito, eres un hombre que su fe es verdaderamente genuina.

 

Además, recuerda Timoteo, esa fe genuina te fue inculcada desde tu abuelita y tu madre. Mamás, abuelitas, qué responsabilidad, su papá de Timoteo no era creyente, pero la fe de la abuelita y de la mamá fueron determinantes para Timoteo, o sea que sí se puede.

 

El papá de Timoteo no era creyente, era griego, no se habla de él, pero mira como tu fe genuina mamá, o abuelita, sí puede hacer la diferencia en tu nieto, o en tu hijo, a pesar de no tener un hombre piadoso en casa.

 

Y tenemos que quedarnos con este principio, mira todo lo que puede hacer la oración, estoy seguro que si cada uno de nosotros nos ocupáramos en tener un tiempo de adoración, de devoción en la Palabra, de intercesión por nuestros hermanos, eso cambiaría nuestra iglesia en muchas maneras.

 

Nos haría eficaces, nos permitiría tener mayor unidad entre nosotros, mayor amor, más gente viniendo al conocimiento de la verdad, más gente comprometiéndose con el Señor, con la verdad, en fin, un fruto maravilloso, un avivamiento hermoso.

 

El problema es que nos dejamos engañar, y en esto que es tan básico y fácil de hacer como leer la escritura y platicar con Dios, no lo hacemos y comenzamos a depender de nosotros mismos, y estorbamos la bendición de Dios, porque no nos tomamos el tiempo para escuchar seriamente a nuestro Dios.

 

Pretendemos orar en medio de nuestras ocupaciones, lo cual no es malo, pero, un tiempo dedicado exclusivamente al Señor, dejamos de hacerlo, y cuando menos acordamos ya no estamos orando, sino hablando con nosotros mismos, lo cual es tan engañoso y destructivo.

 

Piensa en esto, ¿es fácil o difícil escuchar a alguien a quien no le estás poniendo atención? Digo, si un policía te para y no le pones atención, te metes en problemas.

 

O hasta algún amigo, ¿qué pensarías tú si le estás hablando y él anda ocupadísimo caminando de acá para allá y no para un instante para ponerte atención? ¿Verdad que te sentirías mal? ¿Verdad que pensarías, a este no le importa en lo más mínimo lo que tengo que decirle?

 

Por qué pensarías que es diferente con Dios, el cual quiere toda tu atención, por lo menos 15 minutos al día, te haría muchísimo bien más que eso, pero al menos ese tiempo donde le hablas desde tu corazón, y él te habla. Tiene sentido.

 

Además, no sé con cuánta gente te cueste relacionarte, con cuánta gente dentro y fuera de la iglesia tengas problemas, pero, te voy a decir, qué buen remedio, que buena medicina es comenzar a orar por ellos, ponerlos en las manos de Dios, y no para que los elimine, sino para que los bendiga.

 

Qué diferencia sería si en lugar de quejarte, murmurar y chismear de tus hermanos en Cristo, los trajeras al trono de la gracia en oración, te aseguro que lo primero que cambiaría sería tu corazón, y de paso, también el de ellos, y bendecirías a la iglesia enormemente, y más que todo a ti mismo.

III. Aunque la fe es un don de Dios, es nuestra responsabilidad mantenerla ardiendo en nosotros.

2 Ti 1:6 Por lo cual te aconsejo que avives el fuego del don de Dios que está en ti por la imposición de mis manos.

Timoteo estaba siendo apagado en su fe, lo más probable era la oposición, falsos maestros, menosprecio, la poca respuesta de los Efesios ante su liderazgo, y todos los problemas que surgen en el ministerio, ya que somos pecadores y vivimos rodeados de pecadores.

 

Timoteo no solo enfrentaba problemas desde dentro, sino persecución física, encarcelamiento o como Pablo, la muerte, por eso Pablo tiene que hacerle recordar otra cosa a Timoteo: Aviva el fuego del don de Dios.

 

Esto nos da varios principios, el primero es que el día que creímos, nos rendimos a Cristo, y él nos dio vida eterna, algo sucedió en nuestro interior, el Espíritu Santo nos fue dado, recibimos una nueva naturaleza, y él mismo nos equipa con dones, jarismas, de la palabra jaris, o gracia. Dice la Palabra:

 

Tit 3:5-6 él nos salvó, no por las acciones justas que nosotros habíamos hecho, sino por su misericordia. Nos lavó, quitando nuestros pecados, y nos dio un nuevo nacimiento y vida nueva por medio del Espíritu Santo. 6 Él derramó su Espíritu sobre nosotros en abundancia por medio de Jesucristo nuestro Salvador.

 

Rom 8:9 Sin embargo, ustedes no viven según la naturaleza pecaminosa sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios vive en ustedes. Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de Cristo

 

Y al venir a morar a nosotros nos da regalos de gracia para capacitarnos para poder servirlo, manifestándonos su amor y gracia entre nosotros, dice la Palabra:

 

Rom 12:6 Dios, en su gracia, nos ha dado dones diferentes para hacer bien determinadas cosas. (NTV)

1 Co 12:7 A cada uno de nosotros se nos da un don espiritual para que nos ayudemos mutuamente. (NTV)

 

Y de la misma manera que Timoteo, al tener esta fe genuina, somos equipados con dones, con ministerios, con operaciones del Espíritu Santo, pero, no es suficiente con tenerlos ahí, ellos son como carbones que necesitan ser avivados haciéndoles aire, y esta es nuestra responsabilidad, dice en 1 Cor:

 

1 Co 12:31 Procurad, pues, los dones mejores.

1 Co 14:1 Seguid el amor; y procurad los dones espirituales, pero sobre todo que profeticéis.

 

No solo eso, con nuestra distracción, con nuestra indiferencia, con nuestro temor, con nuestro pecado podemos mantener apagado al Espíritu Santo, por eso dice Pablo en Tesalonicenses:

 

1Ts 5:19 No apaguéis al Espíritu

 

En Efesios dice:

 

Efe 4:29-32 Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca, sino la que sea buena para la necesaria edificación, a fin de dar gracia a los oyentes. 30 Y no contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el cual fuisteis sellados para el día de la redención. 31 Quítense de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritería y maledicencia, y toda malicia. 32 Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo.

 

Todos estamos llamados a avivar ese fuego, eso significa que no es algo automático, que si en verdad pretendemos ser cristianos victoriosos, entonces debemos poner manos a la obra, ponernos bajo el chorro de gracia que brota a nuestro favor.

 

Tienes que ponerte a pensar qué tan apagado tienes ese don que Dios te ha confiado, y jamás verás ese don, a menos que comiences a vivir para tu Señor rendido en obediencia y confianza; si nuestro deseo más profundo se convierte en servirlo sin reservas, entonces comenzáremos a ver actuar al Señor a través de nosotros, porque entonces estaremos haciendo lo que él nos ha mandado y para lo que nos ha capacitado.

 

Cuando lo hacemos así entonces, sin temer a la vergüenza por Cristo, entonces somos protegidos, y nos es fácil ver la voluntad del Señor, y al proponernos ponerla por obra, entonces comenzamos a ver operar ese don con todo el poder del Espíritu Santo.

 

Los dones que el Espíritu Santo nos da son inseparables de nuestro llamamiento divino, los dones son facultades de gracia divinas para poder dar un servicio eficaz al Señor, y de hecho durante toda la carta vamos a ver lo que significa avivar ese fuego para poder terminar la carrera con gozo.

 

El problema es cuando solo estamos enfocados en el aquí y el ahora, y no entendemos las promesas, la esperanza a la que hemos sido llamados, y solo vivimos para nosotros mismos. Y dice:

 

2 Ti 1:7a Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio.

Sencillamente no corresponde a lo que hemos recibido, Timoteo, la cobardía, el hacerte pequeño delante de los desafíos de la vida no es el Espíritu que Dios te ha concedido. Esto implica que Dios ya nos ha provisto de recursos ilimitados para hacer su voluntad.

 

Cobardía es la palabra deilia que significa timidez, un miedo que se acobarda, que lleva a la falta de confianza, a la incredulidad, generado por un carácter débil y egoísta. Alguien que es negligente con sus disciplinas espirituales nunca tendrá el valor, o el corage de compartir su fe, de enfrentar la oposición, de mantener firme una convicción a pesar de la burla o incluso del conflicto.

 

Dios no nos ha dado este espíritu, aquel que en verdad camina con el Señor, no le será difícil ser un testigo, abandonar malos hábitos, desde adicciones, hasta mentiras, groserías, decidir tomar la iniciativa para perdonar, para bendecir, hasta para orar, para enseñar a otros, en fin, para ser cristianos.

 

Debemos entender que hemos sido lujosamente equipados, y que nos es posible llevar a cabo la voluntad de Dios, si es que en verdad hemos nacido de nuevo, si la gracia de Dios ha sido derramada en nuestros corazones, si estamos procurando buscar a nuestro Señor con todo nuestro corazón apartando un tiempo para conocerle, para escucharle, tomando decisiones radicales de obediencia a servir y a amar a nuestro prójimo.  Y dice Pablo:

 

2 Ti 1:7b sino de poder, de amor y de dominio propio.

Todo lo contrario, si el Espíritu Santo está en nosotros estos son recursos que debemos tener claro, están disponibles para cualquier creyente genuino. En primer lugar dice: Poder – Dúnamis Fuerza, poder milagroso, eficacia, impetuoso, maravilla, milagro, capacidad, poderosamente, potencia, potestad, capacidad, habilidad, obra de poder, recurso, habilidad, para desarrollar una actividad, acto de poder, poder sobrenatural, capacidad, física o moral, residente en una persona o cosa; poder en acción, más allá de capacidad»); capacidad de llevar cualquier cosa a cabo.

 

Entonces es lo primero que debes saber que está a tu disposición, el poder de Dios para llevar a cabo sus propósitos, esto es obvio, el poder de Dios no es para satisfacer mis deseos egoístas, ese es un poder diferente.

 

Muchas veces Dios en su misericordia permite que cosas sucedan, pero, aún Satanás puede hacer señales milagrosas, dice la Palabra. Pero, lo que estamos viendo es que tenemos disponible el poder de Dios para andar en sus caminos, para abandonar pecados, para predicar el Evangelio, para ser como Cristo, no sé con qué estás batallando hoy, te invito a avivar el fuego y a ver a Cristo en acción a través de ti. Dúnamis no viene solo, porque podríamos correr el peligro de enorgullecernos, por eso viene acompañado de otros dos hermanitos, los cuales lo balancean:

Amor – Agápe El amor de Dios, el cual es sacrificial, desinteresado, incondicional, que desea y actúa buscando el bien de la persona a quien ama, no buscando lo propio, mucho más que una mera emoción, sino una decisión de aceptar, de recibir, de perdonar, más allá de si lo merecen o no, porque así lo hizo nuestro Dios.

 

Este amor que te lleva a estar orando por tus hermanos, e incluso por tus enemigos, ese amor que llevo a decir a Cristo que él pondría su vida por sus amigos, es este amor fraternal no fingido, es este amor con el que nos amamos entrañablemente con corazón puro. Es este amor que nos hace vivir para nuestro Señor como dice Pablo en Romanos:

 

Rom 14:8 Si vivimos, es para honrar al Señor y, si morimos, es para honrar al Señor. Entonces, tanto si vivimos como si morimos, pertenecemos al Señor.

 

Si queremos medir nuestra vida espiritual con precisión lo podemos hacer en medida a practicar este tipo de amor, porque si a los primeros que amamos es a nosotros mismos, entonces no vamos a servir al Señor ni a buscar lo suyo, sino lo nuestro. Todos nuestros sacrificios estarán enfocados en nosotros mismos, pero jamás en el Señor.

 

Recordemos que este amor es un fruto del Espíritu y si con el dúnamis de Dios decidimos andar en el Espíritu, este será el resultado. Date cuenta de lo necesario que es balancear un poder de tal magnitud con el cual Jesucristo fue levantado de los muertos.

 

El verdadero poder del Espíritu Santo jamás nos llevará a pretender utilizarlo para adquirir deseos codiciosos, los deseos de la carne, de los ojos y la vanagloria de la vida. Ese no es el poder del Espíritu Santo, el que dice: solo visualízalo, decláralo y será tuyo.

 

El verdadero poder del Espíritu Santo me transforma a la imagen de Cristo, me hace un verdadero hijo de Dios, obediente, humilde, centrado en los demás, dispuesto a poner su vida por sus amigos, dispuesto a perdonar, a poner la otra mejilla, a proclamar el Evangelio sin vergüenza y sin temor alguno. Y uno más: Dominio propio – Sofronismós  Disciplina, control, dominio de uno mismo, buen juicio, moderación, autodisciplina, templanza, amonestación o llamamiento a una mente sana, o al dominio propio, cordura, estar en cabal juicio, sobrio, prudente.

 

Esto conlleva la idea de una mente con las prioridades apropiadas, disciplinada y controlada. Este es el dominio propio que Dios da y que permite que los creyentes controlemos todo elemento en nuestras vidas, sean positivos o negativos.

 

Por ejemplo, experimentar éxitos sin enorgullecernos, sufrir fracasos sin amargarnos o perder la esperanza. Es una vida ordenada por el Espíritu Santo, la cual aprende a aplicar la sabiduría de Dios en toda situación.

 

¿Qué sucede cuando comenzamos a utilizar este recurso a nuestra disposición por la gracia de Dios dada a nosotros a través de su Espíritu Santo? Nuestras prioridades quedan en el orden correcto y podemos cumplir con el primer mandamiento: “amar a Dios sobre todas las cosas con todo el corazón, la mente, el alma y las fuerzas”.

 

En otras palabras, nuestras vidas se enfocan y se dedican a nuestra primera prioridad glorificar a nuestro Dios y vivir para promover la causa de Cristo, sujetando nuestro cuerpo al control del Espíritu Santo, así como Pablo decía a los Corintios:

 

1 Co 9:26-27 Por eso yo corro cada paso con propósito. No sólo doy golpes al aire. 27 Disciplino mi cuerpo como lo hace un atleta, lo entreno para que haga lo que debe hacer. De lo contrario, temo que, después de predicarles a otros, yo mismo quede descalificado. (NTV)

 

Y ¿sabes qué? Hay algo que debe darte mucha paz, que todo esto no tiene que ver contigo, es algo que Dios ya decidió darte, por lo tanto, no tienes que temer si podrás o no tenerlo, es más, nada de esto son dones naturales, no se nace con ellos, no se pueden aprender, o desarrollar, no se pueden heredar, no se obtienen por instrucción, sino que son atributos divinos dados por Dios por pura gracia a todo aquel que cree, que le ha entregado su vida a Cristo.

 

Poder con el cual podemos ser eficaces en servirlo, amor para no perder el piso y tener la actitud correcta hacia nuestro Dios y hacia nuestro prójimo, y dominio propio para mantenernos enfocados y aplicados en cada área de nuestra vida de acuerdo a la voluntad de nuestro Señor. Por eso dice, y con esto termino y la semana entrante continuamos:

 

2 Ti 1:8 Por tanto, no te avergüences de dar testimonio de nuestro Señor, ni de mí, preso suyo, sino participa de las aflicciones por el evangelio según el poder de Dios,

 

Imagínate un creyente que en verdad decide avivar el don de Dios, que decide abandonar todas sus justificaciones, me pregunto, y te pregunto, ¿qué pasaría con un esposo, una esposa que decidiera creer al Señor?

 

¿Qué pasaría con jóvenes con todo su brío si decidieran dedicarse a su Señor? ¿Qué pasaría con Calvary con nuestras familias, con Memphis? ¿Estás dispuesto o dispuesta a recordar quién te llamó? ¿Quién está dispuesto a hacer un compromiso delante de Dios de comenzar a interceder por sus hermanos?

 

¿Quién está dispuesto a comenzar un serio tiempo devocional diario, para escuchar con atención a su creador y salvador?

 

No podemos seguir dormidos, necesitamos avivar el fuego del don de Dios, aquí comienza esta maravillosa carta, la cual como toda la Escritura, está llena de valiosos tesoros espirituales, a los cuales haríamos bien en poner atención.

 

Terminemos con un texto y pongámonos en manos del Señor:

 

Efe 3:14-18 Por esta causa doblo mis rodillas ante el Padre de nuestro Señor Jesucristo, 15de quien toma nombre toda familia en los cielos y en la tierra, 16 para que os dé, conforme a las riquezas de su gloria, el ser fortalecidos con poder en el hombre interior por su Espíritu; 17 para que habite Cristo por la fe en vuestros corazones, a fin de que, arraigados y cimentados en amor, 18 seáis plenamente capaces de comprender con todos los santos cuál sea la anchura, la longitud, la profundidad y la altura,

 

Efe 3:19-21 y de conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento, para que seáis llenos de toda la plenitud de Dios. 20 Y a Aquel que es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos, según el poder que actúa en nosotros, 21 a él sea gloria en la iglesia en Cristo Jesús por todas las edades, por los siglos de los siglos. Amén.