Los fuertes y los débiles

“Así que, los que somos fuertes debemos soportar las flaquezas de los débiles, y no agradarnos a nosotros mismos. Cada uno de nosotros agrade a su prójimo en lo que es bueno, para edificación.” Romanos 15:1-2

La palabra fuertes (dunatos: en este texto quiere decir poderoso o capaz); es crucial entender que ese poder o capacidad no es nuestro propio, sino dado por Dios a través de Su Santo Espíritu y Su Palabra al equiparnos, fortalecernos y capacitarnos para la obra a la que nos ha llamado. Entonces la idea es la de fortaleza o madurez espiritual en la vida de un creyente.

Esta fortaleza o madurez en un creyente ha sido recibida para soportar las flaquezas de los débiles (adunatos: no poderoso, incapaz, imposibilitado, débil) y para agradar al prójimo en lo que es bueno, para edificación.

Soportar (bastazo) – sobrellevar, cargar algo, levantar y llevar arriba algo

Flaquezas (asthenema) – ausencia de fuerza, debilidad, dudas surgidas por inmadurez espiritual

 

En este texto, y teniendo en cuenta el contexto de estos versos, el propósito por el cual el Señor nos capacita, equipa y fortalece es para ayudar a los que todavía no pueden sobrellevar sus vidas (espiritual o físicamente hablando) para su edificación o promoción espiritual. Ambos creyentes, sean fuertes o débiles, deben fortalecerse en el Señor y en el poder de su fuerza (Efesios 6:10).

¿Has podido indentificar cual de los dos creyentes sos? ¿Fuerte (maduro) o débil (inmaduro)?

¿De dónde proviene tu fortaleza, de tu propia opinión o del Señor mismo?

Te ruego que, en el nombre del Señor Jesucristo, nos recibamos los unos a los otros, como también Cristo nos recibió, para gloria de Dios Padre.