Los fuertes y los débiles

“Así que, los que somos fuertes debemos soportar las flaquezas de los débiles, y no agradarnos a nosotros mismos. Cada uno de nosotros agrade a su prójimo en lo que es bueno, para edificación.” Romanos 15:1-2

La palabra fuertes (dunatos: en este texto quiere decir poderoso o capaz); es crucial entender que ese poder o capacidad no es nuestro propio, sino dado por Dios a través de Su Santo Espíritu y Su Palabra al equiparnos, fortalecernos y capacitarnos para la obra a la que nos ha llamado. Entonces la idea es la de fortaleza o madurez espiritual en la vida de un creyente.

Esta fortaleza o madurez en un creyente ha sido recibida para soportar las flaquezas de los débiles (adunatos: no poderoso, incapaz, imposibilitado, débil) y para agradar al prójimo en lo que es bueno, para edificación.

Soportar (bastazo) – sobrellevar, cargar algo, levantar y llevar arriba algo

Flaquezas (asthenema) – ausencia de fuerza, debilidad, dudas surgidas por inmadurez espiritual

 

En este texto, y teniendo en cuenta el contexto de estos versos, el propósito por el cual el Señor nos capacita, equipa y fortalece es para ayudar a los que todavía no pueden sobrellevar sus vidas (espiritual o físicamente hablando) para su edificación o promoción espiritual. Ambos creyentes, sean fuertes o débiles, deben fortalecerse en el Señor y en el poder de su fuerza (Efesios 6:10).

¿Has podido indentificar cual de los dos creyentes sos? ¿Fuerte (maduro) o débil (inmaduro)?

¿De dónde proviene tu fortaleza, de tu propia opinión o del Señor mismo?

Te ruego que, en el nombre del Señor Jesucristo, nos recibamos los unos a los otros, como también Cristo nos recibió, para gloria de Dios Padre.



En esto pensad

Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad. Filipenses 4:8

Verdadero (alethes): veráz, sin esconder (al descubierto), real, genuino.

Honesto (semnos): serio, honorable, respetable.

Justo (dikaios): equitativo en carácter o acto, un estado se der recto o conducta recta.

Puro (jagnos): limpio, modesto, inocente, libre de contaminación.

Amable (prosfiles): placentero, agradable, amistoso hacia alguien o algo.

De buen nombre (eufemos): la pronunciación de palabras o sonidos de buen agüero, y, después, la evitación de palabras de mal agüero, y por ello biensonantes.

Virtud (arete): denota propiamente todo aquello que procura una estimación preeminente para una persona o cosa; de ahí, eminencia intrínseca, bondad moral.

Digno de alabanza (epainos): elogio, algo recomendable, algo aprobado.

En esto pensad: (logizomai): tener por cierto, considerar, estimar, disponer, traer a la mente, hacer inventario.

Pablo nos exhorta a hacer un inventario de nuestros pensamientos para filtrarlos antes de decirlos o ponerlos por obras.

¿Son nuestros pensamientos sinceros en palabras, serios en acciones, rectos en tratos para con otros, limpios y libres de contaminación en motivación, amigables hacia otros?¿No desprecian nada que sea bueno en sí (que cada bien conserve su debido lugar en nuestra mente)?¿Procuran todo lo que sea recomendable o aprobado por los oyentes o espectadores? (no que los cristianos debieran hacer de la alabanza del hombre su meta, sino que debieran vivir de tal manera que merezcan su alabanza)

Señor, sigue renovando nuestras mentes, lavando nuestros corazones y revelándonos tu voluntad, para que con limpia conciencia podamos obdecerte y honrarte en nuestras vidas para alabanza de tu bendita gracia.



Hombres de verdad y temerosos de Dios

“1 Después que el muro fue edificado y se colocaron las puertas, se nombraron porteros, cantores y levitas. 2 A mi hermano Hanani y a Hananías, jefe de la fortaleza de Jerusalén (pues era un hombre de verdad y temeroso de Dios, más que muchos), les ordené,…” Nehemías 7:1-2

Después de la reedificación de los muros de Jerusalén, Nehemías asignó roles y funciones al pueblo para llevar a cabo distintas tareas y también nombró a dos personas para dirigir estas tareas. Me gusta mucho ver las características de los hombres que fueron nombrados: hombres de verdad y temerosos de Dios.

Hombre de verdad: de la palabra hebrea emet que quiere decir confiable, fiel, firme.

Temeroso de Dios: de la palabra hebrea yaré que quiere decir reverenciar, temer. Cuando se usa con relación a una persona de alto rango, significa temor reverente; es la actitud con que una persona reconoce el poder y la condición de la persona a la que se reverencia y se le rinde el debido respeto.

Estas características deben ser una referencia para cualquier siervo de Dios, sin importar la tarea o función a la que nos esté llamando a hacer. Estos hombres ya eran confiables, fieles y reverentes a Dios antes de ser llamados a lo que se les asignó. ¿Cómo podemos llegar a este punto en nuestras vidas? Es indispensable CONOCER a Dios antes de serle fiel y tenerle reverencia, porque ¿quién le es fiel y reverente a alguien a quien no conoce? Por esto es que en Calvary constantemente te estamos animando y exhortando a que tengas disciplinas espirituales (leer la Biblia, orar, compañerismo con personas de la misma fé, alabanza, adoración, etc) que pueden llevarte a CONOCER de una forma real a Dios y conociéndole, que puedas servirle siendo confiable, fiel y temeroso a Aquel que te llama a servirle.

¿Podrías decir que eres fiel y reverente a Dios? ¿Cómo puedes llegar a esta realidad en tu vida?



El Anhelo de lo Eterno

Publicado por Jaime Foote el 27 de Julio del 2011 en Blog Via Crucis
 
 
“Cuando has eliminado lo imposible, lo que quede, por improbable que sea, tiene que ser la verdad.”
 
 
Esta regla tan famosa es realmente la base de todo tipo de investigación. Y es sobre esa regla que tropieza cada uno de nosotros casi al diario en sus juicios y prejuicios, tomando decisiones y formando conclusiones durante toda su vida.
 
 
Clasificamos eventos, deseos, aun a personas entre “imposible” o “improbable” con bastante ligereza, olvidándonos del simple hecho de que si algo es improbable, hasta muy improbable, es sencillamente porque ha sido difícil probarlo; pero no lo podemos descartar como imposible. Por ejemplo, si la selección mexicana de futbol nunca ha rebasado cuartos de final en la Copa Mundial, podemos decir que es improbable que lo haga en el futuro; pero no podemos decir que sea imposible. El hecho de que algo nunca ha sucedido no implica que no pueda suceder (aquí se inserta un suspiro con fervor…).
 
 
Aun el más renegado ateo, al afirmar la existencia del universo sólo por coincidencia, se topa con un problema insuperable: obvio no es imposible que exista el universo, porque sí existe. Entonces se calculan las probabilidades de que llegue a existir el universo como está (“probabilidad” indica que se puede probar) y la probabilidad matemática es una cifra súper-exponencial (1 entre 100 mil millones seguido por 123 ceros más) tan escasa que en términos humanos, es cero. La probabilidad de que se forme ADN para que haya vida orgánica es virtualmente cero (10 seguido por 40,000 ceros). En estos cálculos además tenemos que tomar en cuenta la existencia de suficiente gravedad de masa y la fuerza electromagnética para mantener neutrones y protones en unión durante suficiente tiempo (neutrones libres se desintegran en minutos) para establecer los elementos, entre ellos el carbón, para que vida orgánica exista, y se mantenga en existencia, y se desarrolle…y que tú estés leyendo estos comentarios—?
 
 
Ciertamente improbable, pero aquí estás.
 
 
Al llegar a este punto, es muy fácil saltar a la conclusión de que todo aquello tan complicado, con cifras indecifrables (al menos para “laicos”) sucede para que tú y yo estemos aquí. Es exageradamente improbable; tan así que sería locura buscar el propósito de la existencia en la existencia misma. Hay una propuesta acerca de esto, que llaman el “Principio Antrópico”, que sugiere que todo esto existe para que pueda existir el ser humano. Es débil ese principio, no sólo por las muchas razones de física y bioquímica, sino hasta por razones filosóficas.
 
 
A saber: si todo lo que existe resultara ser una plataforma—con diseño inteligente, hasta de un Creador—para que en esa plataforma pudiera existir el ser humano, y pudiera saber (se supone) que todo fue creado con la mira al ser humano, entonces deberíamos encontrar enorme y plena satisfacción, y sentirnos totalmente realizados…sólo por existir en medio del universo. Pero no es así.
 
 
Entonces, ¿qué nos queda?
 
 
Es evidente que cabemos y encajamos muy bien en el universo. A pesar de todo tipo de cambio, nos adaptamos muy bien. Esperamos buenos momentos, y nos deprimimos o nos desesperamos si no se cumple nuestra esperanza, y esa esperanza es muy resistente.
 
 
El filósofo y autor cristiano C.S.Lewis lo expresó así: “Si descubro en mí un anhelo de algo que en este mundo nunca encontrará satisfacción, debo considerar que fui hecho para otro mundo.”
 
 
Por ejemplo, en un universo en que no existe el chocolate, sería absurdo que yo encontrara en mí un anhelo de chocolate. Ni siquiera habría una palabra “chocolate”. Imposible. Lo normal sería que, por haber probado el chocolate, después quisiera probarlo nuevamente. (¡Hasta es muy probable!)
 
 
¿Qué sucede en el caso de alguien que nunca ha probado chocolate, tampoco sabe cómo se llama, pero que, habiendo probado todos los sabores que hay en el universo, anhela chocolate? Claro, es improbable el hecho de que él tenga ese anhelo (sus amigos le dirían loco) pero no es imposible, porque en ese universo el chocolate sí existe. Tal vez nunca en su vida llegue a probar chocolate, pero no es absurdo que lo anhele.
 
 
Ahora, descubro en mí un anhelo. Hay cosas en el universo que se parecen a ese anhelo, pero ya las probé, y no son lo que anhelo. Voy eliminando lo imposible, y me quedo con algo muy improbable; las cifras son exponenciales: aun viendo que la probabilidad es casi cero, sigo anhelando. Me siento compatible con el universo, pero no satisfecho. Anhelo lo eterno.
 
 
¿Qué tal si el universo—inclusive yo—fue hecho con otro fin? ¿Qué tal si el universo—inclusive yo—sí es una plataforma, pero no para conocerme a mí mismo, sino para conocer al que diseñó todo? “Porque de él, y por él, y para él, son todas las cosas.” (Romanos 11:36)
 
 
Si el chocolate existe, es normal anhelar chocolate. Si Dios existe, y descubro en mí el anhelo de lo eterno, mi anhelo no es absurdo. Si Dios existe, hay que conocerle (ver video). Tal vez nunca en mi vida me quede satisfecho, pero mi anhelo no es absurdo.
 
 
“En cuanto a mí, veré tu rostro en justicia; estaré satisfecho cuando despierte a tu semejanza.” – Salmo 17:15

 



Derrotado por Dios

PUBLICADO POR JAIME FOOTE LUNES, 8 DE MARZO DE 2010

 

C.S. Lewis hizo la observación que “cada historia de conversión, es una historia de derrota”: en su caso personal, así fue; de hecho, la observación que hizo fue en el caso de Joy Davidman, que después llegaría a ser su esposa.

 

Agustín de Hipona, en el siglo IV, se expresó en su Confesiones así: “Nos hiciste para Ti, y sin reposo está nuestro corazón hasta que repose en Ti.”

 

Un poeta inglés registró su conversión, con toda la tortuosa persecución divina antes de ser—por fin, en derrota total—cautivado por Dios, en El Lebrel del Cielo (Hound of Heaven). Ya en el siglo veinte un grupo de rock cristiano alternativo, Daniel Amos, usaría el poema para una de sus canciones; también el artista cristiano Michael Card basó una canción en Hound of Heaven. (Puedes leer El Lebrel del Cielo aquí. Vale la pena.)

 

Algo que aparece en los relatos de conversión—algo casi universal—es el proceso de darse cuenta de Dios, por darse cuenta primero…de lo que no es Dios. Ese proceso, largo o corto, ya después se resume como una persecución, hasta rendirse al final. Otro aspecto casi universal es que al inicio, al revelarse Dios de alguna manera, es rechazado: y a partir de ese rechazo, comienza la huída y la persecución…

 

A Saulo de Tarso (el apóstol Pablo) le sucedió de esta manera:

 

“Saulo, respirando aún amenazas y muerte contra los discípulos del Señor…yendo por el camino…repentinamente le rodeó un resplandor de luz del cielo; y cayendo en tierra, oyó una voz que le decía: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? El dijo: ¿Quién eres, Señor? Y le dijo: Yo soy Jesús, a quien tú persigues; dura cosa te es dar coces contra el aguijón. El, temblando y temeroso, dijo: Señor, ¿qué quieres que yo haga?” (Hechos 9:1-6)

 

Qué ironía que mientras Saulo creía que perseguía, era el perseguido.

 

Veo que hay varios puntos que Dios tiene que aclarar con nosotros para que la conquista sea total: y para que nosotros así lo deseemos:

 

Primero, que él ya se fijó en mí, que en particular me escogió para sí mismo. Segundo, que mi huída es lo que arranca la persecución. Tercero, que aunque puedo correr, no puedo escaparme. Y cuarto, que cautivado, soy libre por fin; y derrotado, encuentro perdón. En estos puntos Dios se descubre a nosotros: y nosotros al rendirnos, nos descubrimos a él. Pensándolo así, resulta ser el romance más espectacular y espléndido.

 

Jim Elliott, misionero y mártir en Ecuador a la edad de 28 años, escribió esto: “No se puede entregar una vida en un instante. Lo que dura toda una vida sólo podrá entregarse en la duración de una vida.” Las dos preguntas de Saulo: Señor, ¿quién eres? y “¿Qué quieres que yo haga?” no se podían contestar, sino a través de toda una vida. De la misma manera, el que Saulo se rindiera a Jesús, no se podía hacer sólo en un instante, sino a través de toda una vida.

 

Así, seleccionados por Dios, perseguidos y agotados, al fin derrotados por su amor, nos rendimos, y descubrimos que aquello de que nos huíamos era realmente lo que más habíamos anhelado.

 

“Pero cuantas cosas eran para mí ganancia, las he estimado como pérdida por amor de Cristo. Y ciertamente, aun estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo” – Saulo de Tarso



Primero lo Primero

Primero lo primero 

de Joel Maglio, el Lunes, 5 de Julio de 2010 a la(s) 10:39 ·
 
En esta semana nos tocó leer Juan 15. En este pasaje Jesús enseñó a toda la humanidad otra lección magistral declarando: YO SOY la vid verdadera. Como mendocino que soy es inevitable que en mi mente piense de inmediato en la imagen de una gran vid con sus ramas y, por supuesto, con racimos de uvas imponentes. Pero para que esto suceda deben darse en la viña una serie de cosas. Si una rama no es podada, si no se nutre bien de la savia que corresponde, si no recibe alimento y cuidados de un buen labrador… simplemente no dará buen fruto. Y una viña que no da frutos no tiene mucha utilidad.
Me parece que nuestras iglesias se comportan en algunas ocasiones como una mega empresa – efectiva que busca solo resultados y en otras oportunidades nos parecemos más bien a un grupo de hipies – bohemios que quieren disfrutar de la relación antes que pensar en las obligaciones. Puede que no te sientas identificado con ninguna de estas dos posturas. Una cosa es segura: Jesús es la Vid verdadera, nosotros (y no mires para otro lado) somos las ramas y el Padre es el Labrador. Cada corazón sabe dónde le “aprieta el calzado” al leer las palabras de Jesús.
 
Es curioso que Jesús haya terminado esta reflexión (por favor lee todo Juan 15 antes de continuar leyendo) con estas palabras: “Nadie tiene amor más grande que el dar la vida por sus amigos. Ustedes son mis amigos si hacen lo que yo les mando. Ya no los llamo siervos, porque el siervo no está al tanto de lo que hace su amo; los he llamado amigos, porque todo lo que a mi Padre le oí decir lo he dado a conocer a ustedes”. Existen varias diferencias entre un empleado y un amigo.
La riqueza que tenemos por nuestra diversidad cultural a veces es mal interpretada. Los latinos nos golpeamos el pecho y nos da orgullo el que seamos conocidos como apasionados que pueden disfrutar de la familia y los amigos. Los Argentinos le mostramos al mundo con orgullo nuestro mate y asado y decimos que no son alimentos que se han creado para compartirlos solos. A veces nos burlamos de otras culturas que pueden mantener una disciplina impensada para nuestra sangre latina y decimos: “hacen lo que hacen por pura obligación pero no tienen pasión mientras viven”. Cuando sabemos que gente de otros lugares pueden levantarse todos los días bien temprano para buscar a Dios primero, seguro que alguna respuesta chamuyera tendremos para justificar que nuestros días no empiezan en comunión con Dios. Traigo el tema de la variedad cultural porque creo que puede, de nuevo, quedar rendida toda la humanidad ante una verdad del gran Maestro que es Jesús: “Yo soy la vid y ustedes son las ramas… sin mi ustedes nadan pueden hacer… los he puesto para que lleven mucho fruto que permanece… ya no los llamo siervos sino amigos…” etc, etc y etc.
Es una verdad en las sociedades “desarrolladas” el tener que correr para que nuestro tiempo tenga un alto rendimiento. Los costos – beneficios atraviesan nuestras mentes para lograr buenos resultados. En mi trabajo (ventas telefónicas) todo el tiempo tenemos claro que tenemos que lograr resultados… sino tendremos que buscar otro trabajo. Así como en el fútbol goles son amores en las ventas el dinero es el que indica si uno es útil o no. Es duro, pero es lo que nos sucede. Sería bueno que reflexionemos en las diferencias que existen entre un ambiente laboral y un ambiente fraternal. Es raro pero Jesús después de hablar de ramas que deben dar frutos habló de amistad… Acá tenemos que pararnos y pensar un poco.
Para que una rama pueda dar una buena uva tiene que estar bien unida a la vid central. Un buen racimo de uvas puede dar la impresión de independencia, pero la realidad es que para que exista una buena cosecha debe haber antes una buena unión entre las ramas y la vid verdadera. Esto creo que nos tiene que hacer pensar en la necesidad enorme que tenemos de estar satisfechos. Como humanos queremos que nos amen, que nos hagan sentir importantes, que nos valoren, que nos direccionen. Bueno… Dios está bien interesado en hacernos hijos plenos. A él le encanta que nos deleitemos en su presencia, esto es lo que permite que estemos bien unidos a la vid verdadera y permanezcamos dando frutos. En matemáticas se dice que el orden de los factores no alteran el producto (cuando de suma y multiplicación se habla), en términos espirituales el orden de las cosas es determinante: primero la pasión verdadera de nuestra relación con Dios, después y solo después vendrán los resultados. Nunca debe ser entendido esto al revés. Si nos “cabe el saco” es bueno que nos lo pongamos y corrijamos el orden de nuestras prioridades.
 
Sería bueno que nos detengamos a pensar si en medio de nuestra actividad frenética o en nuestra pereza crónica no estamos descuidando lo primero: el deleitarnos en Dios. Después vendrán resultados tremendos. De manera increíble cambiaremos, Dios nos cambiara. Solo en Jesús tenemos felicidad verdadera y podemos lograr resultados efectivos para el Reino de los cielos (que no es precisamente una empresa que busca ganar dinero).


¿Así que eres profeta?

PUBLICADO POR JAIME FOOTE – LUNES 29 DE MARZO DE 2010
 
Viendo esto sus discípulos Jacobo y Juan, dijeron: “Señor, ¿quieres que mandemos que descienda fuego del cielo, como hizo Elías, y los consuma?”
 
He estado tratando de ubicarme en la cuestión de lo que alguien ha llamado el“síndrome de profeta”. Es probable que ya conozcas a alguien con el síndrome. Una persona que tiene el síndrome de profeta se caracteriza por siempre decir en la forma más directa (para tu bien, por supuesto) aquella verdad que—al parecer—o ignoras o resistes. El enojo que demuestra es sencillamente “ira santa” o “celo de Dios”. El sarcasmo es el filo de su espada, y maneja su arma, de ser posible, en público.
 
Todo esto empezó recientemente a causa de estar estudiando y predicando en Esdras y Nehemías los miércoles en Semilla Cuernavaca. En Nehemías 13:23-28, leo acerca de cómo Nehemías “exhortó” a aquellos que habían tomado mujeres paganas: “…reñí con ellos, y los maldije, y herí a algunos de ellos, y les arranqué los cabellos…y uno de los hijos de Joiada hijo del sumo sacerdote Eliasib era yerno de Sanbalat horonita; por tanto, lo ahuyenté de mí.”
 
 
Hmm. También leo de Moisés, de Gedeón, de Elías, de Pablo: ¿cómo hay que ver lo que en ocasiones ellos hicieron? Por favor, no me digas: “Es que lo hicieron con amor”. ¿Elías dijo—en amor—a los israelitas que degollaran a los profetas de Baal? ¿Gedeón castigó a los líderes de Sucot con espinos y abrojos en amor?
 
Veo—al menos en mí lo veo—que es demasiado fácil señalar a estos hombres como ejemplos. Y empieza a crecer, muy dentro de mí, una sospecha de que estoy en peligro de caer en el síndrome de profeta. ¿Qué hacer?
 
Bien: ahí te va lo que he podido entender hasta hoy:
 
 
Primero, el que profetiza habla de parte de Dios a los hombres para edificación, exhortación (paraklesis = estar al lado de alguien para mostrarle qué hacer) y consolación (2ª Cor.14:3).  Me estoy atorando en el cuadro de Elías… ¿O será que éstos eran del Antiguo Testamento, y que era permitido “perder los estribos”?
 
Pedro nos dice, “…porque nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo.” (2ª Pedro 1:21) Entonces, ¿estos profetas fueron movidos por Dios, o estamos viendo un “diva moment”?
 
 
Leo en Marcos 3, cómo Jesús se enojó con los de la sinagoga de Capernaúm. En Lucas 19:45, cómo Jesús entró en el Templo y expulsó a los comerciantes. ¡Okay! Now we’re talking!
 
Espérate. En Éxodo 3 y 4, Moisés discute con Dios, porque no quería ser profeta. También Jeremías (Jer.1:6, 20:7) Isaías (Isa.6) y Elías (1º Reyes 19:3-10). Un verdadero profeta, no uno que sufre del síndrome de profeta, piensa que Dios mejor enviara a otro: y no por miedoso, sino por considerarse descalificado o incapaz. Cada uno de ellos quería que Dios le confirmaraantes de hablar.
 
En Marcos 3:5, dice que Jesús estaba entristecido por la dureza de sus corazones. Así es que un verdadero profeta, movido por el Espíritu de su Señor, primero es quebrantado: su corazón es todo menos endurecido. En Lucas 19, Jesús ciertamente hizo un látigo de cuerdas.  Sólo cuatro versículos antes (19:41) Jesús lloró sobre Jerusalén. “Llorar” en ese versículo no es “derramar lágrimas” (dakrúo – Juan 11:35) sino “gemir, gritar, sollozar” (klaio).  Jesús lloró sobre Jerusalén.
 
Creo que allí vemos el remedio para el síndrome del profeta.


El Coraje y la Cruz del Liderazgo

PUBLICADO POR JAIME FOOTE LUNES 26 DE ABRIL DE 2010
 

Pero Esteban, lleno del Espíritu Santo, fijos los ojos en el cielo,
vio la gloria de Dios y a Jesús de pie a la diestra de Dios
 – Hechos 7:55

En parte como balance para un blog anterior (“¿Así que eres profeta?”) y en parte porque ha sido un tema de aprendizaje para mí en lo personal, me llama la atención la historia de Esteban, primer mártir de la era cristiana. Y me parece que la palabra clave en su historia es: coraje.
Usamos con frecuencia la palabra “coraje” para expresar el enojo que sentimos cuando las cosas no son o no salen como hubiéramos querido; mas no es ésa la definición que veo aquí, sino la original, derivado del francés courage (de coeur): tener corazón. Coraje es la valentía que nos faculta para tomar posturas difíciles, movernos frente a amenazas, proceder en medio de oposición, y arrojarnos hacia un objetivo señalado por Dios.  Es el deseo de vivir, combinado con la disposición de morir.
Veo en el caso de Esteban (Hechos capítulos 6 y 7), 8 factores de coraje, que permitieron que Esteban “durmiera” agradando a Dios:
1. Esteban era un hombre completo.
2. Esteban vivió intencionalmente el poder del evangelio.
3. Esteban, al ser acusado, no se defendió, sino proclamó a Dios.
4. Esteban puso su mirada en Cristo resucitado y reinando desde el cielo.
5. Esteban aprovechó la oposición y el conflicto para poder señalar la gloria de Cristo.
6. Esteban aceptó repudio y martirio, así como su Señor.
7. Esteban encomendó su alma a Dios, así como lo hizo su Salvador.
8. Esteban hizo intercesión por sus adversarios, siguiendo el ejemplo de Cristo.
El general romano Scipio Africanus (202 a.C.) dijo que el coraje consiste en entrar a la batalla listo para desechar tu vida, y así ganar la victoria a todo costo. Algo que noto en la historia de Esteban es que parece que la probabilidad de muerte no era una consideración. Ciertamente él sabría cuáles eran las intenciones de sus enemigos; pero parece ser un asunto tan trabajado en su vida, que la probabilidad de muerte simplemente ya no entraba en consideración: ya había desechado su propia vida.
Entonces Jesús dijo a sus discípulos: “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame.” Como líder espiritual, surgen situaciones que, al enfrentar bíblicamente los intereses humanos, las inseguridades, agendas, y demás, implican un costo. El costo puede ser, y con frecuencia es, distanciamiento y pérdida de amistades. En serio, da miedo contemplar el costo personal del liderazgo espiritual. El costo incluye la necesidad de persistir, sin ser afectado o movido por las consecuencias que son parte del costo de cargar la cruz del liderazgo.
Francis Chan presenta un ejemplo gráfico tomado de gimnasia olímpica: que por el temor a consecuencias negativas, no intentamos nada, prefiriendo vivir en la zona de más seguridad de la vida. El problema es que la calificación por parte de los jueces se basa en lo difícil que sea el trabajo en la barra, con el grado de riesgo implícito en hacerlo. Obvio: cero intento, con cero error, da una calificación de cero.
Entonces el liderazgo espiritual tiene en sí un grado de dificultad, y un grado de riesgo. De ahí estoy aprendiendo que lo mismo que me da temor en el liderazgo, al mostrarme el grado de dificultad y de riesgo, simplemente es el indicio del grado de gloria que será manifiesta por cargar la cruz—la cruz del liderazgo.
“Pero lejos esté de mí gloriarme, sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por quien el mundo me es crucificado a mí, y yo al mundo.” – Gálatas 6:14



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